Pretextos para soñar en rojo /Roberto Galaviz Avila

Estudiante de Letras y la Escuela Normal Manuel Avila Camacho.

Mejor leerse mientras se escucha:

while my guitar gently weeps / The Beatles

Mientras caminas

y te observo

pienso en la música

que Bach nunca escribió

/La desgracia de tu cuerpo huyendo/

tal vez

Pienso en la tumba frágil

que me aguarda los domingos

en la alegoría de tu pelo

y el infierno

en la sequedad de los mares

que me inundan

En la marcha común de tus pasos

un fragmento de tu ser se me descubre

derrelictos en una playa apagada

la sorpresa del silencio teñido en rojo

Entonces te detienes

(como si en verdad supieras como hacerlo)

Improvisas una fábula en la mitad de tu sonrisa

y somos lo mismo que una estrella

que no entiende una gota de astronomía

y guarda silencio



ESPIRAL


Por los días que atraparon a algunas personas entre un olor a septiembre lluvioso o asiento de camión, anda rondando una canción, la misma que antes se escuchó y que es como un laberinto espiraloide descendente.

Entre una que otra mañana alguien fumó demasiado y su humo hacía niebla del rocío y empañaba los caminos a la escuela, fumaba mucho porque las noches eran de insomnio de las que no se despegaba un girasol circunflejo que pendía del jarrón transparente con agua, del agua olorosa de la lluvia septembrina.

La Espiral se expande como un resorte y se contrae con fuerza contra lo primero que topa y va y viene una y mil veces, las que sean necesarias hasta hacernos caer frente a ese “grupo de doctores en Tijuana” que dice “ven, yo te puedo ayudar”.

Es terrible, cuando se empieza a pensar que “sin ti ya no hay más” porque ese “más” es donde cabe una cama, un helado, un nombre, un globo inflado, el paseo en coche antes de dormir, las ganas de aprender a nadar o soltarse en la bicicleta, es un “más” con forma del sombrero de un mago del que cada vez salen menos conejos blancos o palomas.

Y después de que se empieza a pensar eso es cuando termina: vienen las ganas de llorar en público, sale sangre de la nariz o se busca ayuda desesperadamente como un foco rojo que prende y apaga seguido de un ruido estresante de alarma a las 6 am.

Tal vez, sea sólo un estado conocido por alguno que otro perdido o una recomendación que alguien nos hace por vía e-mail, tal vez sí sea un acto voluntario ¿cómo saberlo? La Espiral tiene un aparente principio pero no un final, es un fenómeno parecido al arcoiris: se da sólo bajo condiciones determinadas o coincidencias naturales pero su duración es impredecible y su extremo tal vez no exista.

Por estos días en que los pies están por lo general mojados y fríos, que el sueño es pesado y todo tiene su aire a feria, a ruido de agua que cae desde arriba, a soldaditos de espejos acuáticos, Porter se encarga de condenar a algunas personas otra vez, como siempre, aventándonos al hoyo submarino bipolar de la Espiral, esa que siempre se repite.

Citlaly Aguilar Sánchez



UN ENEMIGO EN CASA O EL ESPÍA QUE ENGAÑÉ

El cine de espías se ha desarrollado a través de ciertas vertientes contrastantes: por una parte, está la veta del espectáculo con James Bond y compañía con todo el glamour que lo rodea; por la otra, las propuestas orientadas hacia la comedia con ciertos toques de parodia; una más tendría que ver con la búsqueda de realismo, es decir, inmiscuirse en el oscuro mundo del espionaje cargado de dilemas morales, traiciones, patriotismo y renuncia: no es el espía codiciado por cuanta mujer se le aparezca, sino la vida sometida al aislamiento y anonimato.

Dentro de esta vertiente, suelen incluirse los films basados en hechos reales. Vimos recientemente El buen pastor (EU, 06), película de Robert De Niro en la que se recorría la historia de la CIA con algunas de sus laberínticas estructuras y agobiantes estrategias. Llega ahora Un enemigo en casa (Breach, EU, 07), en la que se recrea el caso de Robert P. Hanssen, quien delató a por lo menos 50 fuentes durante 22 años y entregó información confidencial a la Unión Soviética y a Rusia, según la historia oficial. Fue al fin capturado en el 2001, unos meses antes del atentado a las Torres Gemelas.

Católico de formas rígidas, astuto para distinguir la verdad de la mentira (casi siempre), estructurado hasta la médula, aficionado a la pornografía y cuidadosamente metódico, la historia de este agente de múltiples facetas ya había sido glosada en una serie televisiva y su caso incrementó de manera notable la paranoia reinante en los altos círculos del gobierno estadounidense, sobre todo al percatarse que el enemigo no siempre está allá fuera, sino que se encuentra enquistado en las propias estructuras del sistema que se supone defiende a la nación.

El director Billy Ray, quien ya había trabajado el tema de la impostura en El precio de la verdad (03), obra infravalorada en la que se recuperaba la historia de Stephen Glass, inventor de historias metido a periodista, opta por un tono de pertinente sobriedad y de enfática atención a los personajes, más que a la espectacularidad de los sucesos: ahí radica la fortaleza del film, soportada por una impecable interpretación de Chris Cooper, capaz de brindarle los matices contrastantes a esta compleja personalidad que iba del rezo devoto a la filmación de su propia intimidad con la esposa.

Se trata de una cinta que ahonda en las relaciones que establecen los personajes, cargadas de dobles mensajes, juegos verbales y actitudinales, y afectos y desencuentros. Ryan Philippe interpreta al joven aspirante a agente a quien se le encomienda atrapar a Hanssen haciéndose pasar por su asistente, mientras su vida marital se desmorona y sus lealtades se confunden; la siempre efectiva Laura Linney, por su parte, le da vida a la endurecida agente responsable de la cacería interna.

La construcción de diálogos y situaciones consiguen involucrar al espectador en las propias confusiones de los personajes y no obstante la falta de acción vertiginosa, se mantiene la tensión gracias a una edición que equilibra la profundidad con la fluidez narrativa. La fotografía mantiene ese toque de sobriedad que sostiene al film con esa nieve que no deja de caer y la puesta en escena recurre a la claridad con esos contraplanos que nos llevan de una realidad a otra o más bien, de una interpretación al desengaño subsecuente.

Al final queda la pregunta que atraviesa todo el film: ¿por qué? Quizá ya no importe, quizá el saberlo pueda explicarlo todo. Pero dadas las circunstancias, son justo esas motivaciones las que van entrando a un mar agitado, confuso e impredecible: lo que se pensaba en un momento dado, puede trastocarse al minuto siguiente de manera drástica, sólo para dejar el equilibrio existencial completamente diluido, con la urgente necesidad de volver a empezar y asumir que los supuestos con los que se operaba, resultaron totalmente falsos.

Nos leemos después.

Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx




Las había trigueñas, morenas, claras, altas, bajitas y de estatura media…llenitas, delgadas, con largas trenzas enmarcando su cara, o breves rizos que redondeaban la figura del rostro, bocas y narices de fino trazo...Una faz salpicada de lunares, o bien acentuada por marcas de viruela o dolosas cicatrices...Mujeres de mirada inexpresiva, dulce, melancólica, retadora, burlona, practicantes del amor sin amor, remansos y abismos...Ellas son las Mariposas Nocturnas del Archivo Histórico del Municipio de Zacatecas.

Ubicado en la Presidencia Municipal, este gran baúl de recuerdos alberga documentos desde el año 1825 hasta la actualidad, dentro de sus fondos se encuentran los Libros Copiadores que abarcan el periodo 1845-1950 donde se encuentra el registro de los varios oficios que se ejercían en la época, entre ellos la prostitución.

Fue en septiembre de 2006 en la Casa Municipal de Cultura que el Archivo presentó la exposición “Las mariposas nocturnas”, una selección de las más de 200 fotografías que contienen los siete libros de registro de meretrices entre los años 1916-1945.

Los retratos de la presente publicación corresponden a los Libros Copiadores 431 del año 1917 y 432 de 1925. El primero lleva la etiqueta de “Encuadernación y Fábrica de Libros en Blanco” del Hospicio de Niños establecido en Guadalupe, Zacatecas, con el sello de la Jefatura Política en cada una de sus páginas; da cuenta de 73 registros, en los que abundan las mujeres de 20 años, Manuela López procedente de Guadalajara es la más pequeña de 14 y Leonor González de Monterrey es la más grande, de 29. El segundo, lleva en su portada la etiqueta mecanografiada en tinta roja “Registro de rameras”, fue hecho el 15 de agosto de 1916 en la Papelería “El Lápiz del Águila”, Fábrica de sobres y libros en blanco. En su primera página aparecen acotaciones al margen en tinta violeta que rezan “Puta”; como parte de los datos de las mujeres se incluye “señas particulares” mismas que eran marcadas sobre las fotos, en el caso de Genoveva Bautista la número dos del registro, nos habla de lunares en distintas partes de la cara, que fueron señalados con una lluvia de puntos en tinta negra sobre el retrato. De los 89 registros se conservan 24 fotografías originales, Ángela Benítez es la más pequeña con 12 años, no tiene foto pero la descripción nos dice que su cara estaba marcada por la viruela, Esther González es la mayor con 38 años tampoco existe foto, sus señas particulares mencionan que le faltaba el ojo izquierdo.

En ambos libros hay retratos que se han perdido en el vaivén de los archivos y otros que han sido arrancados premeditadamente en los tiempos en que no había control ni cuidado de estos documentos. De la fauna de Mariposas Nocturnas no domina una procedencia, además de Zacatecas, Villa de Cos, Fresnillo y Jerez, el resto emprendió el vuelo desde México, Monterrey, Morelia, Aguascalientes, San Luis Potosí, Jalisco, Guanajuato, Tepic, Veracruz, Zamora, Guadalajara, Paso del Norte, Kansas City, Dolores, Durango, entre otros.

¿Y por qué se hacía el registro con fotografías? Porque estaba estipulado en el artículo dos del Reglamento de la Prostitución en Zacatecas de 1878, que establecía: “Toda mujer pública que se presentare a la Inspección para ser inscrita, expresará su voluntad de entregarse a la prostitución y dejará en la Sección tres retratos en forma de tarjeta: uno para su libreta, los otros dos para los registros de la Sección de Sanidad y de la Jefatura Política”.

En la libreta se anotaba su estado de salud según la revisión que les hacía un médico cada lunes, la que no se presentara era multada con 50 centavos. También incluía los datos: nombre, edad, estado, patria, color pelo, color ojos, nariz, boca, estatura, señas particulares y domicilio.

Según el Reglamento había dos clases de mujeres: aisladas, las que viven solas y públicas, aquellas que viven en reunión. Entre las obligaciones que establece dicha publicación podemos mencionar: portarse y vestir con decencia; abstenerse de escándalos en lugares públicos y de pasear en las calles reunidas en grupos que llamen la atención; no saludar en la calle a los hombres acompañados de sus mujeres y niños; no provocar la prostitución con señas o palabras; no permanecer a la puerta de los burdeles, ni en los balcones o ventanas de ellos; no visitar a familias honradas; evitar todo escándalo en su misma casa; vivir distantes del centro y de los establecimientos de instrucción y beneficencia; no permitir la entrada a su casa de menores o hijos de familia.

En el apartado que se refiere a “Burdeles y matronas”, se dice que una matrona es una mujer mayor de treinta años, obligada a cuidar de que las mujeres a su cargo vistan con aseo y decencia, a no maltratarlas y alimentarlas convenientemente, así como a proveerlas de jeringas, esponjas y de las sustancias que aconsejen los médicos como preservativos de contagio.

De los Burdeles, se establece que no deberían tener una señal exterior que indiquen lo que son, los cristales de los balcones o ventanas deberían estar opacados y con cortinas interiores, de manera que en ningún momento se percibiera por la parte de afuera lo que pasaba al interior. No se permitían los juegos de azar ni la venta de licores, las domésticas menores de 40 años también se consideraban prostitutas y no podían vivir en los burdeles niños mayores de tres años.

Al separarse de la prostitución las mujeres debían de dar aviso a las autoridades, argumentando sus motivos y dando el aval de una persona decente que estuviera al tanto de su conducta, las que se casaban eran borradas del registro sin mas trámite. Las anotaciones en los libros consultados nos hablan de un grupo trashumante, que si no retornaba a sus lugares de origen se trasladaba a otras ciudades en busca de mayor suerte.

Viudas, solteras, casadas, mujeres en flor o en plena madurez, han edificado Catedrales del Amor a lo largo de la historia, como esa que acogiera al hombre más enamorado de la literatura, Florentino Ariza de El amor en los tiempos del cólera que durante sus tardes en el hotel de paso asegurara que no había sitio mejor desde que conoció a Fermina Daza, porque “era el único lugar donde no se sentía solo”.

Yolanda Alonso

Escaparate Gráfico

Portada 111



EXPLOSIONS IN THE SKY: VIAJE EMOCIONAL

El 1º. de septiembre habrá explosiones en el cielo: no por los artificios y polémicas montadas alrededor del informe presidencial, de irrelevancia mayúscula mientras varios ámbitos en el país se caen a pedazos, sino por la presencia de una banda que nació sabiendo a qué jugar, desde el mismo momento de su concepción. A pesar de moverse en esquemas que no buscan necesariamente la innovación, no pierden la sensibilidad para explotar al máximo sus propias capacidades y su sentido de la expresión musical.

Comparados con Mogwai y Godspeed You Black Emperor! y asentados en esta corriente conocida como postrock, una especie de progresivo para el siglo XXI, que privilegia la instrumentación sobre la letra y en la que se aventuró Radiohead con su indispensable Kid A, Explosions in the Sky se conforma por los jóvenes texanos Mark Smith y Munaf Rayani (guitarras), Michael James (bajo) y Christopher Hrasky (batería). Las influencias presentes han funcionado para la creación de caminos propios, lejos de limitarse a la mera imitación de estándares.

Guitarras como finas y afiladas dagas de hielo que buscan la sangre caliente sin detenerse aún en los momentos de mayor calma, sólo para producir borbotones armónicos sustentados en sólida base rítmica, exenta de piruetas sólo para la foto. Piezas largas que transitan por momentos contrastantes que van de la calma efímera a la intensidad abrasiva, siempre buscando el gancho melódico, sin emplearse a fondo en los terrenos de la experimentación.

Lo suyo es buscar la emoción pero a partir de la certidumbre; la falta de sorpresa no inhibe la capacidad para generar diversidad anímica: de la tensión a la melancolía, del desasosiego al sentimiento de grandeza deslizado a partir de secuencias épicas. La ausencia de letras parecería una invitación para que el escucha sea quien reconstruya las historias o las emociones de acuerdo a su propia experiencia vital. Claro que hay intención pero también libertad para divagar entre el laberinto sonoro con entradas y salidas múltiples.

Pegaron primero y por ende dos veces, con el ambicioso demo How Strange, Innocence (00) en el que todavía se les notaba la escuela y que fue reeditado en el 2005; más pronto de lo imaginado abrió la puerta para el primer largo Those Who Tell the Truth Shal Die, Those Who Tell The Truth Shall Live Forever (01), obra que sumó algunas referencias como Sonic Youth y Joy Division, aunque manteniendo el tono melódico salido de la parte derecha del cerebro. Algunos elementos característicos como ciertas líneas oscuras del bajo y la batería tocando a la manera de marcha, se desenvolvían a lo largo de las prolongadas piezas.

Todo listo para el optimismo de The Earth Is Not a Cold Dead Place (03), su trabajo más consistente a la fecha en el que la tensión se imbrica con un dinamismo coordinado, buscando la edificación de pasajes emocionales más cargados a la esperanza que a la desolación: a fin de cuentas, nuestro planeta no está muerto (aún) y mucho menos frío, y habrá algo que hacer al respecto. De la melancolía nos vamos a la salida del sol y de ahí al angustioso atardecer que sólo será tolerable a partir de la espera activa, contemplando posibilidades y abriendo los sentidos: reflexión/acción en forma sonora.

Tras la reedición del demo ya comentado y su participación en el film de fútbol americano Friday Night Lights, llega All Of A Sudden I Miss Everyone (07), siguiendo la tradición de integrarse a partir de seis cortes con prolongada presencia. Una distorsión abre The Birth And Death Of The Day, que nos lleva de un prometedor amanecer a la inquietante agonía de la luz saturada de feedback y guitarras escapistas, justo donde embona Welcome, Ghosts, plagada de espíritus en apariencia amigables aún manteniéndose en penumbra y sólo asomándose con los ataques de batería.

It´s Natural To Be Afraid desarrolla un ambiente de tensión contenida, que engañosamente se evapora para poder enfrentar con calma nuestra frágil condición y llevarnos de nuevo a las crestas de alerta, mientras que la interrogativa What Do You Go Home To? incorpora un sensible piano-cascada que conversa con los apuntes de guitarra, en contraste con el enérgico arranque de Catastrophe And The Cure, capaz de transitar por mesetas de tranquilidad para llegar al precipicio. El álbum cierra con So Long, Lonesome, una vez más con teclados acuáticos que nos permite comprobar, de un solo golpe, la veracidad del espejismo.

Además de presentarse el primero de septiembre, la banda explotará un día después en Guadalajara: una buena oportunidad para desempolvar emociones y dejarnos envolver por intensidades de orígenes múltiples.

Fernando Cuevas

Nos escuchamos después.

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Nicolás Poussin o la serenidad apolínea

Al barroco se le ha estudiado como un estilo artístico caracterizado por la fuerza y la pasión de su expresión, la búsqueda inusitada de infinito trascendente, el horror al vacío, eludido mediante el abigarramiento de figuras con las que se cubre hasta el más mínimo espacio, lo cual no impide que el exceso y la desmesura de sus imágenes desborden la sensatez de la propia conciencia y la lleven a rebasar los límites de lo racional.

Nicolás Poussin (1594-1665), catalogado como un representante del barroco francés en su expresión neoclásica – extraña mezcla de dos estilos opuestos que hacen los historiadores del arte –, se caracteriza por haber hecho lo contrario. Aunque debe anotarse que no fue siempre así, sus Bacanales pintados por encargo del Cardenal Richelieu en Poitou, demuestran que su pincel atravesó con creces las sendas del sensualismo dionisiaco. Lo prueba su interés por atrapar las expresiones y emociones de los personajes, los affetti y el lenguaje alegórico que caracterizan la obra de juventud. Mas el artista que plasma a Orfeo y Eurídice es un maestro del rigor, de la solidez en la estructura, la firmeza del trazo, la bella repartición de sombras y de luces en el cielo, con lo cual demuestra el estado vital al que ha llegado, no sin esfuerzo: la madurez y el equilibrio apolíneo.

Obras como Polifemo, Hércules y Caco o Paisaje con San Mateo y Paisaje con San Juan en Patmos, - todas realizadas entre 1648 y 1650 -, permiten percibir el sentimiento del artista que logró huir de la feria de las vanidades de la corte francesa, refugiándose en la vida tranquila y relativamente apacible que encontró en Roma, plasmando esa situación anímica, quizás la cima de la serenidad estoica, en la recreación del mito de Orfeo, concibiéndola como la alianza entre la naturaleza y el hombre. En ello, Paussin, radica la esencia del neoclasicismo: en hacer que al hombre que hace la historia, la naturaleza lo premie con un visado para viajar a la eternidad.

Gracias a ello no es difícil imaginar lo que debía estar sucediendo en aquella tranquila tarde, cuando Orfeo cantaba acompañado de su lira, mientras las ninfas se bañaban. El ambiente dulce del himeneo invadía el bosque, el candor, la sensualidad rebosante, el claro cielo, el ritmo suave del viento conformaban un paisaje idílico. Y de un momento a otro, irrumpe Eurídice, la recién desposada mujer de Orfeo. Acababa de ser mordida por una serpiente en el bosque, cuando huía de los lances del pastor Arístides, por lo que apenas avisa con la palidez de su rostro sobre la tragedia que se avecina. Además, detrás del drama principal otra acción se divisa en el paisaje: un incendio se declara en el castillo y el humo oscurece el cielo.

Poussin concibe la historia de Orfeo en la campiña romana. Ubica algunos lugares simbólicos de la Ciudad Eterna: la Torre de la Milicia y la torre inspirada en el castillo de San Angelo, en la forma que debía tener cuando era el mausuleo de Adriano, las cuales se encuentran atrás del Puente Milvio. La pesadez del humo producido por el fuego que devasta el castillo cubre de nubes el paisaje. Mas, desde el fondo, en forma diagonal, el brillo de la luz cae siguiendo el doble efecto de sombra y claridad que se observa vívidamente en la torre incendiada.

Contrario a otras obras de Poussin, generalmente sombrías, a causa del efecto producido por la capa roja que reposa bajo los colores, Orfeo y Eurídice guarda toda su transparencia. La intención es clara, no ceder a la conmoción que puede provocar el mito, – al fin y al cabo la desventura de Orfeo y su viaje al infierno pagano fue la base de los llamados ritos órficos o subterráneos entre los griegos – con lo que mostraba la imposibilidad de pensar lo dionisiaco como contrario a lo apolíneo, sino como complementos inseparables aunque no simultáneos: a la paz le sigue la guerra; a la ardiente pasión, la serenidad; a la muerte le precede la vida. Así, se dedica a distribuir estratégicamente todos los elementos, queriendo dar la impresión de una tarde que transcurre sin la más mínima señal de que un accidente inesperado fuese a perturbar radicalmente la armonía de la escena y el destino de los protagonistas. Sin embargo, poco a poco van surgiendo las señales que anuncian la mala noticia: las nubes oscuras, el humo del incendio, el rostro de la ninfa que pesca y gira su mirada inquieta hacia donde se ubican los personajes centrales. Los elementos se van juntando hasta ir generando la sensación de una amenazante tormenta.

El artista muestra a Orfeo ignorante de que la mujer que se acerca, a la que ama, desaparecerá en un instante. Desconoce que el grado al que llegará su desesperación lo arrastrará hacia los confines del Hades en su búsqueda; que una vez rescatada la volverá a perder, que pasará el resto de sus días – la eternidad – cantando en las puertas del Orco, que “dos veces vencerá al Aqueronte, modulando tono a tono con su lira...los suspiros de la Santa y los gritos de la Fe”, como dijera en versos desesperados el patético Nerval, tan distantes de la pasmosa calma de aquella tarde tranquila que imaginó Poussin, en la que nada – ni la felicidad – debía haber acaecido.

Germán Arce-Ceballos

Autodidacta

Zacatecas, septiembre de 2007