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ROSTROS DE LA VIOLENCIA

La ausencia de una definición del concepto de "seguridad nacional" (SN) en el gobierno federal,ha propiciado una falla sistemática en los aparatos encargados de la impartición de la justicia, sostiene el investigador académico José Luis Piñeyro en su libro Seguridad nacional, ¿realidad o proyecto?
El volumen de ensayos periodísticos, editado por
la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco, da cuenta de las varias aristas y rostros que encierra el término, desde seguridad económica, seguridad pública y seguridad política, hasta la última consecuencia de las actividades del narcotráfico nacional e internacional.
Para su autor, galardonado con el Premio Nacional de Periodismo 2004, el concepto de SN es más un proyecto por construir que una realidad a defender y preservar ante los riesgos y amenazas que día a día se ciernen sobre el territorio que pisamos.
Fenómenos sociales producto de políticas, en todos los órdenes, injustas, como la migración ilegal a los Estados Unidos -de
1995 a 2003 se registaron más de dos mil 900 migrantes muertos, más la repatriación de 800 cadáveres por año-, la progresión geométrica en el consumo de drogas -se estima que la edad en el inició es cada vez menor, es decir, niños entre los ocho y diez años-, los ajustes de cuentas entre bandas de narcos, los linchamientos producto del descontento y la frsutración, son "focos rojos", al parecer desatendidos por los aparatos de inteligencia del poder.
Y es que en el rubro SN, además de las fuerzas armadas y marina y los servicios de inteligencia y defensa del territorio, entran también en es categoría el desarrollo económico, le equidad social, el medio ambiente y la fortaleza del Estado.
Según Piñeyro, pionero en el estudio del tema del que aún subsisten grandes lagunas, la inseguridad que permea a la sociedad, se refleja en los secuestros, asaltos a transeúntes, robos a casas; y entre las amenazas a
la SN menciona: venta de armas, terrorismo internacional, dekincuencia organizada y corrupción, entre otros.
El libro Seguridad nacional, ¿realidad o proyecto, se encuentra al alcance del interesado en la librería
La Azotea, localizada en la avenida San Marcos esquina Lomas del Capulín de esta bizarra capital de la entidad, en horario de lunes a sábado de las diez a las 17 horas.

Uriel Martínez

Colaboración Especial

Free way hacia una nueva identidad del mexicano

/A propósito de las fiestas patrias. /


Léase mientras se escucha:

El anticuario/Real de catorce

¨Aun veo la sombra de mi arete

y ya ni siquiera hay luz¨

Alicia Cervantes


El mexicano, postrado ante su pasado, atónito con miras al futuro ha olvidado el presente, como una provocación infame hacia lo que desconoce y no desea descubrir, a menos que le venga del cielo en una tarde de sopor y descanso. Producto de una debilidad adquirida por comodidad, la búsqueda de una identidad nacional ha sido asimilado como el prototipo socio-histórico, tradicionalmente avalado y representado por los individuos que componemos este México. Hemos idealizado un sastre único que abarco la producción de millones de trajes para identificar al mexicano, para aislarnos de forma definitiva y sin confusiones, de todo aquello que atente a nuestra tan revolcada e intermitente identidad nacional.

Hemos comprado en la tienda de la esquina, un maniquí gigantesco, lo hemos alimentado de hambres y sueños, de fe y esperanza, de futuro, de nada. Lo hemos mantenido vivo por generaciones y cada vez que parece desvanecer, vivimos tiempos de lucha, brusca decadencia. Y nos viene de golpe un sentimiento de pertenencia acalorado, que creemos amenazado por tradiciones y culturas ¿acaso ajenas?, que se juegan los atavíos de nuestro maniquí en una partida de monopoly. Si, la imagen es burla, irreverencia. La unidad nacional desnuda y vulnerable a los ojos de un sorprendido Santa Claus, un aburrido Bruce Lee y un atlético Che Guevara. Padrinos arquetipos de un mundo que empieza a bostezar ante una cruz y busca, (y encuentra) nuevos símbolos para su natural devoción.

Al ver amenazada nuestra historia, y nuestro maniquí cultural al descubierto, somos otra vez guerreros, los aztecas vienen a reclamar sus tierras. Comprando víveres en Wal-Mart, enamorado mujeres con aroma a Versace, montando una imponente Hummer, con Janis Joplin como atmosfera sonora: …take another little piece of my heart… Al momento crucial de escudriñar nuestra identidad, olvidamos con demencia actoral, la totalidad contextual que nos compone, y buscamos el retorno al ¿origen? Del mexicano. Ahora nos agrada lo pueblerino, el olor a tierra, la mujer de fuego, y desgarramos nuestra garganta con el cielito lindo.

El arraigo nacionalista, ha gestado una idea para la protección del maniquí, una jaula enorme, un aislamiento voluntario, donde la condena es permanecer dentro, y observar desde los invisibles barrotes, lo que hemos decidido imposible , aquello que imaginamos limite.

Dentro de la jaula, podemos prescindir de todo, menos de nuestra Historia, comemos pasado, merendamos héroes en salsa verde, de postre se sirve a diario chuleta de estatua de bronce, cerramos los sentidos, y en el mejor de los casos recordamos, para hacer vínculos y conformar una Historia de integración nacional, donde creemos ser parte activa. En ese sitio florece la melancolía, esa compleja red de interacciones emocionales tan intensas, donde el mexicano encuentra un sitio en que tristeza y alegría se conjugan, bailando un vals, girando lento, en cuatro tiempos, inventando, siempre inventando, donde solo existen añoranzas cubiertas de pasos inocuos en la azotea de las horas.

Poseemos un componente que obstaculiza la entrada hacia una condición post-mexicana, hacia una nueva macrovision del ser, al parecer se trata de un egoísmo cultural que decidimos guardar celosamente como patrimonio virginal. Vivimos en una cultura global pero nos reservamos, tomamos nuestras precauciones y decidimos jugar la carta del comodín.

Aceptar que México es parte de un todo, nunca una parte aislada. Que sus particularidades tanto como sus semejanzas con otras culturas, conforman precisamente su identidad, contemplar que para una Tenochtitlán existió una Grecia clásica. Aztecas y vikingos bailando tango, bebiendo vodka, cansados al fin, durmiendo en un iglú.

Componemos, transformamos, somos seres activos en la conformación de una historia sin principio y sin final. Sabernos elementos actantes dentro de un contexto cambiante. Acaso esa es la clave para una aproximación hacia una nueva identidad nacional. Donde la melancolía del pasado le hace cosquillas al presente y nuestra jaula es un artículo de anticuario.



Roberto Galaviz Avila

(Toda la banda rocker, fuga a ver a Los tigres del norte)



Whoo! Alright Yeah…

Mirar al cielo, descaradamente estrellado, sin saber cuál Stella escoger ¿Cuál? Es la pregunta antibiótica ¿Cuál? Es una luz estroboscópica que no percibo mientras en el fondo un eco como de agua se acerca, lento y cada vez más fuerte, me toca, me viste de minifalda y blusa de rayas verticales como de arcoiris.

En un cuarto cuadrado, en cualquier matiz, con las luces de la ciudad como catalizador, brillo labial, cabello suelto, The Rapture, las manos arriba, los pies abajo y arriba, dos saltos, tres; la ventana seguro temblará burbujeante ante tal reacción química.

Cuatro chicos, una fiesta de cuadritos fosforescentes que encienden y apagan:

Oh, the sun drenched French girls won't relate

To a frozen glare from the Northern State

Dreamin' of fat happy babies /Kickin' ladies on the Metro now…

¿Cuál? Whoo! Alright yeah…uh huh un antídoto perfecto para los sábados de televisión desmesurada, los domingos de pantalla plana, los lunes de madrugada camión raya morada, los martes, los martes miércoles que parecen jueves queriendo ser viernes de ya se acabó la semana y ganas de bailar como hoy con The Rapture como el sábado.

And the mirrors won't sing back divine
Be it choppin your hair or choppin a line
But you laugh-crack-up they
Laugh-crack up and smile

Una canción, un beat beat arcoiris en el corazón, un ácido sabor de bolitas en la lengua que empieza por mover un dedo, el índice como diciendo que no; y luego se transforma en un ¡ah! Y siempre es bueno una mezcla improvista; sentarse en el piso con una almohada para no sentir el frío y cantar quedito “Oh mandy” con The Spinto Band, tan dulce canción y suave como algodón y tal vez también sea bueno un poco de moco de lágrima con “Wires” de Athlete o en días tan mezclados se apetece sentir como si fuéramos conocidos entre “Be like that” de End Of Fashion… ¡Ups! Aquí vamos de vuelta a la cúbica habitación

Whoo! Alright - let's fall apart
And the clock starts tickin now
Tick tick tick tick tick tick OW!

¿Escaloneo? ¿Serpenteo? Como una tira de papel cayendo desde arriba, como lluvia en una cascada o ¿acaso es sólo el poder que ejerce la música sobre el aparato motor de cada cuerpo? Vuelve la pregunta ¿Cuál? Un día en el mundo, la alegría de vivir en la que sin duda yo escucharía a The Rapture que estarán en DF el próximo 27 de octubre en el concierto Manifest International a lado de Interpol.

Citlaly Aguilar Sánchez



Phillip Glass

Creando el minimalismo musical desde las tuberías


Una de tantas cosas a admirar de los grandes compositores es la capacidad de crear en cualquier lugar y a cualquier tiempo, donde sea que se llegue a manifestar, la llamada inspiración o necesidad de crear. Si en la época decimonónica el compositor se ideaba como un personaje apacible que salia al campo por inspiración y podía escribir su música sentado apaciblemente en algún pasto, escuchando la música en su cabeza, el siglo XX ha enfrentado a los compositores de avanzada con el tener que idear su música teniendo que hacer cosas tales como manejar un taxi de la ciudad de Nueva York o navegar sus tuberías. Tal es el caso de Philip Glass y en menor medida de Steve Reich, creadores minimalistas americanos importantes de finales del siglo XX.

Philip Glass nació el 31 de enero de 1937 en Baltimore Eu, nieto de inmigrantes judios de Lituania. Fue un niño precoz y pasó gran parte de su infancia en el negocio de padre, una tienda de discos, donde empezó su colección haciéndose de los discos que no se vendían y gracias al desinterés de la gente por la modernidad de aquel entonces pudo conocer a compositores tales como Paul Hindemith, Dimitri Shostakovich, Sergei Prokofiev, Erik Satie y otros, junto con la tradición occidental más conocida. Empezó con la flauta en su ciudad natal para luego ir a la Julliard School of Music y después tener como maestros de composición a personajes como Darius Milhaud o Nadia Boulanger. Con quienes estudio de forma más tradicional para dedicarse después al minimalismo. Uno de los momentos más significativos en su carrera temprana fue cuando, durante el tiempo que estudiaba en París con Boulanger, conoció la corriente serialista de Pierre Boulez y decidió que el serialismo le parecía música mecánica y fría por lo que volcó su energía en lo que siempre ha sido una de las motivaciones más constantes de su carrera. Crear nueva música a la que el común de la gente pueda acercarse.

A su regreso Philip Glass fue una figura importante de la escena minimalista de Estados Unidos. Fundó un ensamble con otros músicos tales como Steve Reich, además de artistas visuales que compartían intereses parecidos. Muchas de las primeras presentaciones de música de Philip Glass tuvieron lugar en galerías de arte y no en salas de conciertos. En 1975 terminó la ópera“Einsten on the beach” de su primer trilogía después completada por “Satyagraha” (1980) y “Aknahaten” (1983-1984) que le valieron el reconocimiento merecido. También en esta época Glass trabajo primero como taxista, luego plomero y además tuvo una compañía de mudanzas junto con Steve Reich para poder mantenerse económicamente. Después contaría con buen humor la risa que le produjo cuando una señorita de buena sociedad que subió a su Taxi, al ver su carnet de identificación le dijo: “señor usted no me va a creer pero se llama igual que un gran compositor de ópera contemporánea”

La obra de Philip Glass se distingue por el uso de recursos melódicos y armónicos de gran sencillez y por el predominio del ritmo, como la de gran parte de la corriente minimalista, sin embargo el mismo Glass ha dicho que no le gusta ser tomado por un compositor minimalista sino como un empleador del leit motif hasta sus extremos. Esto es, el uso de un motivo que se desarrolla a lo largo de toda la obra. Philip Glass usa este recurso como el motor principal de sus composiciones haciendo que toda una pieza esté estructurada alrededor de motivos sencillos con variaciones ligeras y poco perceptibles, lo que le da gran parte de su sello característico y por otra parte hace que la escucha atenta sea la que más retribuye al oyente, además de hacer sufrir a los intérpretes de vez en cuando. Memorables son las anécdotas que pueden leerse en algunos de sus libros de su autoría en las que cuenta como un solo tema suyo podía dar lugar a sesiones con otros músicos que duraban toda la noche.

En la actualidad Philip Glass ha sido reconocido como una de las voces más influyentes de la segunda mitad del siglo XX y músicos de todos generos han reconocido su influencia. Entre ellos músicos de Rock como Brian Eno, compositores para película como Danny Elfman, y algunos compositores serios. Ha colaborado con músicos tan dispares como el Kronos Kuartet, Ravi Shankar (a quien cita como una gran influencia), Aphex Twin entre muchos otros. Philip Glass ahora produce principalmente música para películas, además de hacerse cargo de su disquera POINT music y su estudio de grabación frecuentado por artistas del pop como Björk, David Bowie, Patti Smith y Lou Reed, entre muchos otros. Una de las cosas más interesantes de Glass está en haber influenciado como compositor serio el sonido de la música popular de estos tiempos.

Eduardo Ismael Dávalos

Amante de la música



SANGRE Y DRAMA

Tres cintas mexicanas se inmiscuyen en realidades personales que van desde los conflictos amorosos y la rutina aplastante, hasta la escisión de la propia existencia. En cartelera, en video y como parte del vigésimo séptimo Foro de la Cineteca, cine nacional que busca, con resultados más o menos afortunados, alternativas distintas al relumbrón o a la falsa profundidad. Veamos.

1. En La sangre iluminada, seguimos una sola existencia vivida por seis personas que son distintas pero la misma a la vez. Entre desvanecimientos y sangrados por la nariz, las facetas de la misma persona se entrelazan irremediablemente, siempre cargando con el pequeño portarretratos: un niño en Zacatecas; un joven esposo y padre de familia; un vendedor rural de medicinas; una joven en constante búsqueda; un oficinista solitario y un hombre que vaga por las calles.

Todos son la misma persona que va transfigurándose en sujetos distintos aunque con recuerdos y sangre compartida: a manera de espiral, vamos recorriendo las vivencias que marcan los trayectos vitales acompañados por la madre, la esposa, la pareja, el colega del trabajo y, como apertura y cierre, el amigo que escucha y bromea sobre la extraña paradoja de ser tú y al mismo tiempo alguien distinto: vivir en la otredad y en el desdoblamiento continuo, imprevisto.

Con múltiples recursos visuales, en particular los desenfocados, y cuidando los detalles para los saltos en el tiempo, el director Iván Ávila Dueñas (Adán y Eva todavía) consigue construir una fábula de profunda cercanía a pesar de la racionalidad propuesta, con base en situaciones y personajes entrañables, distintos pero profundamente hermanados por la iluminación compartida, más allá de las dicotomías urbano/rural, niño/adulto hombre/mujer.

Se trata de una de las películas del cine mexicano reciente que consigue recuperar tradiciones fílmicas locales y mirar al futuro, justo como la multiplicidad de personajes anclados a la misma existencia.

2. En Drama/mex, una serie de personajes coinciden en Acapulco para empezar o poner fin a sus vidas, al menos como las habían concebido hasta entonces. Una joven (Diana García) que celebra, tras ciertos reclamos, el regreso del exnovio, un patancillo que la hará dudar con respecto a la actual relación que sostiene con otro chavo; un hombre hastiado de la vida (Fernando Becerril) que viaja al Puerto para poner fin a sus días y se topa con otra joven, en el trance de iniciarse como acompañante playera de turistas.

Dirigida por Gerardo Naranjo (Malachance, 04), la cinta se articula a partir de este par de dramas a la mexicana que, aunque ajenos entre sí, se rozarán dos o tres veces como referentes del entorno próximo o con cierto sentido vinculador. Con presupuesto limitado y cámara nerviosa que parecería moverse de manera tan incierta como sus personajes, acompañamos, un poco a la distancia y sin involucrarnos demasiado, a estos seres extraviados acaso con posibilidad de reencontrarse justo cuando el sol anuncia su llegada.

3. En Sangre (México-Francia, 05), nos inmiscuimos en la aplastante rutina de una pareja que parece sólo romperla a partir del conflicto, con sangre de por medio, y de la consecuente reconciliación. Ella trabaja en un restaurante de comida rápida (Laura Saldaña) y él como contador (pero de personas) en una institución pública (Cirilo Recio): sus monótonos entornos laborales no difieren mucho de lo vivido en casa, donde se mezcla la mirada de la televisión con el sexo impersonal. La aparición de la hija de él (Claudia Orozco) moverá un poco el asfixiante equilibrio de la pareja, al fin soportado hasta en la basura.

Dirigida por Amat Escalante, la cinta viaja de un humor incómodo a un realismo cortante, tal como lo reflejan tanto los encuadres como la edición, buscando desestabilizar desde lo visual lo que parece imposible de moverse en los personajes, desarrollados a partir de escasos diálogos que ahondan en sus primarias motivaciones. Una película directa sobre cómo nos hemos acostumbrados a las condiciones de vida que se presentan, para bien o para mal.

Fernando Cuevas

Nos leemos después.

Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx



De Simulaciones y “Neosituaciones”

“En un lejano país, hace muchos, muchos años vivía un Emperador que no pensaba más que en estrenar trajes. No se preocupaba por sus obligaciones, ni por su reino, ni por sus súbditos y sólo se interesaba en vestir ropa nueva diariamente.

En cierta ocasión, llegaron a la capital dos pícaros que se hacían pasar por ser los mejores sastres del mundo. Su habilidad mayor consistía en tejer una tela, fina y magnífica, que tenía la particularidad de poder ser vista y admirada solamente por aquellas personas muy inteligentes, siendo invisible para quienes no lo fueran.

Enterado el Emperador, no dudó en encargar todo un nuevo vestuario confeccionado con esa tela mágica, pagando, de antemano, grandes sumas de dinero a los falsos sastres, quienes, instalándose en palacio, fingieron tejer y coser afanosamente día y noche.

Impaciente por comprobar los resultados, el Emperador envió a inspeccionar el trabajo primero, a un lacayo, luego, a su secretario particular y, por último, al Primer Ministro del gobierno. Ninguno de ellos vio nada en el telar pero, por miedo a declararse irremediablemente estúpidos y no aptos para el cargo que ocupaban, todos alabaron la calidad de las inexistentes prendas con expresiones como éstas: ¡Oh, son bellísimas! ¡Muy elegantes! ¡Vaya elaboración! ¡Qué maestría!

Finalmente, los bribones llevaron sus atuendos invisibles al Emperador. Éste, que tampoco veía ropa alguna, calló y aparentó vestirse contemplándose en el espejo, que le devolvía la imagen de un hombre, obviamente, desnudo.

Por miedo a perder su corona, continuó en la simulación y se aprestó a desfilar frente a su pueblo, para que todos “pudiesen admirar” su “nuevo traje”. Labradores, artesanos, banqueros, maestros… hombres y mujeres pudieron ver la desnudez de su Emperador, pero, queriendo hacer gala de su “inteligencia”, ninguno osó denunciarla.

Por último, un niño que asistía al solemne desfile se atrevió a gritar públicamente la verdad: ¡Pero si no lleva nada! Al grito siguieron las carcajadas generales… Mientras tanto, los falsos sastres, cargados de riquezas, escapaban del reino rumbo a otro “objetivo”.

Hace casi doscientos años Hans Christian Andersen (Odense 1805-Copenhague 1875) criticaba la vanidad y el orgullo intelectual con este espléndido relato, en perfecto equilibrio entre la realidad y la fantasía, el drama y la comedia, la ingenuidad y la perspicacia; entrando con él por la puerta franca del mundo infantil para llegar a las intrincadas mazmorras de la mente adulta.

Este cuento es un buen ejercicio de meditación, que ubica y reubica nuestras aspiraciones y enseña que no se es menos valioso por no estar allí, en primera plana, en la cresta de la ola, en la vanguardia, sino por reconocer las limitaciones propias y ajenas, celebrando lo verdaderamente loable y sabiendo rechazar lo falso, por muchas recomendaciones, controles de calidad y avales institucionales que lleve. En contra de lo que pareciera, no es esta un reflexión contracultural, sino la apuesta decidida por etiquetar sólo de “cultural” a aquellos productos que sirven para que una sociedad sea más auténtica, más sabia, pero sobre todo más humana, incluso corriendo el riesgo de quedarnos solos con el archivo vacío.

Desde hace dos semanas, en el desasosiego encontrado de salvarme en la escritura, sigo buscando, con el candil de Diógenes y el espíritu de Lot, en la bíblica y a la vez proustiana Sodoma, algún “justo” que rescatar… Y desciendo, sin compañía, a los círculos infernales del Internet para intentar hallar, morbosamente, lo confieso, argumentos en pro de escribir entre los que se exhiben en ese paradigma de estolidez que son los “blogs” (tristemente aplaudidos por los jóvenes y aún por los no tan jóvenes que, no saciados con la vivencia de su propia juventud, juegan, para seguir con Proust, à la recherche du temps perdu” o, siendo exactos, “a la sombra de las muchachas en flor”). En ese territorio satánico, leo “razones” del siguiente tenor “académico”: “es chido tener un blog” (¿¿¿chido???); “puedes llegar a ser famoso” (¡la fama, máxima aspiración personal!); “para mostrar a todos las fotos de tu cuerpaso” (con falta de ortografía incluida, por lo demás… sin comentarios); “es un lugar ideal para tu ego” (perdón, pero no entiendo aquí la reducida semántica de esa ciclópea palabra latina), “tu amigo/a tiene uno y tú no quieres ser menos” (¡bueno!, por fin algo maquiavélicamente justificable), “Para decirle ¡hola! al mundo”. ¡Ah!, este es, sin duda, el mejor de los motivos. De eso se trataba: de comunicarse, pero a lo grande, a lo divino, en la paronomasia del “urbi et orbi” (sic). No puede decirse que ésta no sea una actitud abierta, generosa, de asombrosa οἰκουμένη: desparramarnos en todos, fusionarnos con la humanidad, en la red. El “blog” es un nuevo “cuerpo místico” en el que, integrados, nos salvaremos. Por el contrario, el que no tenga uno se condenará eternamente. Paradojas neomodernas. Un estilo de redención acorde con los tiempos. Otra teología, más grande que las pretéritas, no tan “chidas”.

Pero en este ejercicio de masoquismo aún aprendo (piénsese, por un segundo, en el genial grabado de Francisco de Goya), aprendo, sí, dos nuevas y, al parecer, “imprescindibles” palabras: “blogging” y “blogsfera”. Confieso que no las conocía. Y me pregunto cómo he podido vivir tantos años fuera de ellas, cómo he subsistido en un planeta llamado tierra y no en una “blogsfera”.

Y así, me sumerjo, esta tarde, en la duda de elegir entre ensalzar las nuevas vestiduras de todos los emperadores del mundo (internautas incluidos), resignándome, en secreto, a la ceguera de mi estulticia que me impide apreciar “lo elogiado por todos”, o manifestar abiertamente: < ¡Pero si no lleva nada!>>, aunque mi voz no se escuche en el populoso cortejo de la vía pública, sino que clame, como puede esperarse, en el más deshabitado de los desiertos.


M. J. Sánchez

*NOTA: Esta columna toma en préstamo su título de la estrategia empleada por los más exitosos empresarios y economistas de este planeta, que enseñan cómo, a veces, se consiguen mejor los objetivos de forma indirecta. Tal vez desertando del oficio… Tal vez así…