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Portada 120



DOS FILOS

Siempre hemos tenido mucho tiempo, no hay prisa; hay que calzar las viejas botas, meter lentamente los dedos en los guantes de vagabundo, encender el motor de un cigarro y emprender alguna hazaña breve con un ala bajo el brazo: la lectura que repta a lo ancho de unas hojas, horas.

Dos Filos, edición ciento uno es la sugerencia porque festeja de mano de Alejandro Toledo ‘El cuarenta aniversario del Sargento Pimienta’, memorable personaje de The Beattles que se nos ocurre a bordo un submarino amarillo naufragando por aquí por allá por el vacío negro que apenas existe en el universo y se extiende como red.

El club de corazones solitarios tiene ahora en bajo su brazo sólo un par de razones para no irse todavía; tiene la visión de papel y la lluvia de ganas en una revista, ganas de una sorpresa como consecuencia de un golpe en el codo, visión de papel, ganas de lluvia, papel como avión, lluvia con ganas y hace frío.

Para cortar el papel de las ganas, hacen falta dos filos que hagan figuras de papiroflexia en las que podamos abordar con nuestras razones para no irnos. Sí, Dos Filos nos ofrece ‘La historia interna del submarino amarillo’ que manipula Paul Jonson cuyo Morse decodifica Carlos Gerhard y ¡oh! una ‘Yo, Sirena’ que se asoma por la ventana del submarino como queriendo hechizar y de repente la brújula nos arroja hacia ‘El reino de nunca acabar’.

Nuestro tiempo volando como globo terráqueo entre una galaxia y otra, nuestro tiempo hojeando nuestra visión de ganas; eso que tenemos de más en nuestros bolsillos para dejar a alguien esperando, puede esperar. Mientras seguimos aquí, nada pasa, viendo a través de las páginas como se mira a alguien que se quiere ver desde hace tiempo: con atención, en silencio.

Nos vamos, lo sentimos pero es hora de irnos, naufragar por una tarde somnífera de los mares octubrinos, con tripulaciones alérgicas a la melancolía que lloran con gas pimienta. Nos vamos, con Dos Filos bajo el brazo, como un sobre en el que se guarda el tiempo transcurrido en lo que se imagina un personaje beattlesco.

Citlaly Aguilar Sánchez

Hablándole al teléfono…



FANTASÍA INFANTIL

Un trío de cintas que ubican a niños como puentes entre mundos que coexisten aún sin saberlo. Además de lidiar con sus propias realidades familiares y escolares, de pronto se ven asumiendo misiones para las cuales tendrán que prepararse casi de inmediato, sin pensárselo demasiado. Es la imaginación infantil capaz de ver lo esencial vía el corazón (El principito dixit), mientras que los ojos adultos se mantienen ciegos y sólo alcanzan a ver sus narices, aunque luego le entren también al quite. Veamos.

1. Dirigida por el húngaro Gabor Csupo y basada en la novela de Katherine Paterson, El mundo mágico de Terabithia (Bridge To Terabithia, EU, 07) es una conmovedora incursión a un bosque encantado cual espejo de la realidad cotidiana, con sus respectivos miedos, triunfos y angustias que parecen traslaparse de uno y otro lado del río, cual frontera que sólo puede cruzarse a través de la cuerda mágica en apariencia resistente. Un mundo mucho más allá de lo que puede ofrecer la televisión y que requiere, de entrada, una buena dosis de imaginación.

En tono más dramático que épico y eludiendo la espectacularidad, nos centramos en un niño molestado en la escuela y regañado por su padre que hace migas con la alumna recién llegada; ambos empezarán a vivir una aventura única en una doble realidad. Con buen desarrollo de los personajes centrales y una emoción centrada más en las relaciones que se establecen que en la propia acción, la cinta apuesta por la humanidad de sus personajes, incluyendo sus transformaciones, soportada por discretos efectos especiales y una fotografía funcional. La amistad como plataforma para explotar la propia imaginación.

2. Dirigida por Ricardo Arnaiz y con imaginativa participación de nuestros paisanos de EsComics!, La leyenda de la Nahuala (México, 07) es un loable esfuerzo por crear una cinta de animación que igual se sostiene por la creación de sus personajes, más que en el derroche tecnológico tan usual en las producciones estadounidenses. Si bien por momentos los protagonistas parecen ajenos a las logradas escenografías y al inicio priva cierta dispersión, la cinta consigue despegar cuando se introduce de lleno en la mansión embrujada donde la susodicha pretende hacer de las suyas.

Un niño temeroso tendrá la oportunidad de enfrentar sus peores miedos cuando se ve obligado a salvar a su insufrible hermano, atrapado en la famosa casona. Contará con el apoyo del cura, de un locuaz caballero, un alebrije, la abuela, la panadera jarocha y fantasmas de todo tipo que habitan los dominios de la Nahuala, recuperando una historia mexicana en medio de las múltiples influencias externas sobre la fiesta del día de muertos, como para que nuestros pequeños tengan la oportunidad de conocer algo más que las calabazas y las brujas.

3. Dirigida por David L. Cunningham y basada en la novela de Susan Cooper, Los seis signos de la luz (The Seeker: The Dark Is Rising, EU, 07) no consigue trasladar el original a la pantalla y se queda como una adaptación más bien caprichosa, en la que falla la secuenciación y se extraña a un villano de mayor envergadura. No faltan, sin embargo, los momentos de cierta emoción ni los episodios de indudable espectacularidad, a través de un adecuado aprovechamiento de recursos visuales e ingeniosas perspectivas de cámara.

Estamos una vez más frente a un niño llamado a cosas grandes que empezará a desarrollar poderes para cumplir con la trascendente misión que le ha sido encargada. La premisa suena demasiado familiar, en esta batalla entre la luz y la oscuridad que tiene como elemento clave a un niño/joven cuyo origen se revelará de pronto. Ante esta limitada estructura narrativa, se tendrá que recurrir a idas y vueltas en el tiempo con peleas incluidas y personajes de dudosas intenciones que terminan sin mayor sorpresa, reduciendo la intensidad a efímeros momentos.

Fernando Cuevas

Nos leemos después.

Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx



Hasta el viento se aburrió

A veces no comprendo con que afán se crean remakes, no sé si para tratar de mejorar la obra original o bien para darle un mayor crédito a ésta y parecer que es insuperable. En estos últimos días apareció en la pantalla grande una nueva versión de Hasta el viento tiene miedo, con nuevo director, nuevo reparto, una nueva temática y por supuesto nuevas técnicas cinematográficas.

Realizar una película de terror en México es quizá una tarea ardua. Es un género poco trabajado en la “industria” del cine nacional y los resultados, cuando se intenta hacer un film de este tipo, son muy pobres. A lo largo de la historia del cine mexicano ha habido pocas películas de terror contando las del Santo, Capulina, El resortes, Pepito y Chabelo y uno que otro cómico con carencia de talento más. Sin embargo ha habido buenos intentos y buenas películas según los criterios de Saúl Rosas Rodríguez en su libro “El cine de horror en México”. Entre los buenos intentos podemos nombrar Dos monjes, El libro de piedra, La tía Alejandra y La invención de Cronos de Guillermo del Toro; y entre las mejores El fantasma del convento, El vampiro, La puerta y Hasta el viento tiene miedo dirigida en 1967 por Carlos Enrique Taboada.

Cómo no recordar esta última película, la cual, de acuerdo con los críticos de cine mexicano, es la mejor creación del género terror que se haya realizado – y esto lo digo antes de ver Cañitas, thriller basado en las misteriosas historias del cazafantasmas y superpoderoso choper mexicano Carlos Trejo-.

Volviendo a Hasta el viento tiene miedo de 1967, es una historia que aún en estos tiempos mantiene pegado al espectador a espetas de lo que suceda en la peli, a la cual hasta el nombre quedó ad hoc debido a las sensaciones que producía. Si se recuerda, la historia versaba sobre una estudiante que tras haber muerto hace cinco años regresa al internado donde pereció para cobrar venganza. En la trama aparece Marga López como Bernarda quien es la directora del internado para señoritas. Su carácter es fuerte, ocasionando el repudio de las alumnas. Caso contrario es del personaje de Maricruz Olivier como Lucía, quien es la maestra benévola, comprensiva y querida por las internas. Estaba incluida en el reparto Alicia Bonet en el papel de Claudia, una nueva interna y Norma Lazareno.

Comienza con Claudia, en una pesadilla ve a una mujer colgada de las vigas de una vieja torre idéntica a la que se sitúa en el jardín del internado, ese fantasma con voz suave la llama por su nombre. En su inquisición por saber qué es lo que encierra esa vieja torre, a la cuál se les ha prohibido el acceso, Claudia cae de lo alto de ésta y fallece instantáneamente, sin embargo días después despierta ilesa aunque su personalidad no es la misma y su comportamiento es bastante raro. A partir de ahí comienzan a suceder cosas extrañas, el viento se ensaña con las cortinas y las ventanas, y la lluvia baña a diario el lugar, el cuerpo de Claudia ha sido poseído por el espíritu de Andrea, la alumna fallecida un lustro atrás y habitante de los sueños de Claudia. En ese caos y ese terror ocasionado por la presencia de Andrea en el internado, la directora (Marga López) trata de terminar con la situación y sigue a Claudia- Andrea hasta la torre donde por fin se consuma la vengaza, la directora está muerta.

Si se observa bien esta cinta se puede ver que está realizada con pocos recursos y aún así el director logra crear buenas atmósferas terroríficas como el viento y su silbido, los truenos, las lluvias torrenciales, los pasillos lóbregos del instituto, las sombras y los planos generales hacía el jardín y la torre iluminada y sobre todo la imagen difusa del fantasma a través de la ventana. Además no falta quizá la principal característica del cine de terror que es esa lucha entre el bien y el mal, esta vez “el bien” las alumnas y la maestra y “el mal” la directora.

Pues cuarenta años después Alfredo Moheno dirige el remake de este exitoso film. Quizá la actriz más reconocida en el reparto es Martha Higareda, que como en todas sus películas nuevamente vuelve a enseñar las tetas, que uno como espectador y amante secreto lo agradece pero como crítico de cine a veces no se termina por comprender.

La historia es la misma, aunque la venganza por parte del fantasma es buscada por otro motivo. En la película de Taboada de 1967, la revancha es a causa de que cuando le comunican a Andrea (el fantasma) que su madre se encuentra en estado de gravedad, pide permiso para salir del internado para ir a verla, pero la directora con su carácter estricto y fuerte le niega la salida argumentando que es una vil mentira. Tiempo después la madre de Andrea muere y ésta cae en una profunda depresión que la lleva al suicidio. En la nueva versión esta historia cambia un poco y la trama gira en torno a una relación lesbica.

Andrea, que es interpretada por una actriz de la cual cuyo nombre desconozco y que tiene una cara de niña traviesa que no puede con ella, mantiene una relación con la maestra-doctora del internado Lucía, que a parte de buenos sentimientos es buena en caricias y besitos cerca del oído. La directora al descubrir esta relación se llena de celos porque a ella también le atrae sexualmente la interna, entonces en un arrebato por obtener una caricia de ésta, sucede el accidente que termina con la vida de Andrea.

Martha Higareda hace el papel de Claudia y convive en la casa con otras cinco internas: drogadictas, anoréxicas, locas y hasta una aprendiz de teibolera parece en la recreación de la escena del streaptease, que a diferencia de Norma Lazareno en la primera versión, la de esta si enseña..

Moheno, el director de esta nueva versión de Hasta el viento tiene miedo, no logró crear lo que Taboada sí pudo cuarenta años atrás. No hay buenas atmósferas de terror, la película es demasiado oscura, creo que no supo aprovechar esas nuevas técnicas que los cineastas de hace algunas décadas no tenían, no hay muchas conversaciones sobre el fantasma para adentrar al espectador en la trama y las actuaciones me parecen muy malas, y sobre todo creo que no existe esa contienda entre “el bien” y “el mal”. La actuación de la directora en nada se compara a la de Marga López ni la de la maestra-doctora a la de Maricruz Olivier, tal parece que estas se concentran más en obtener una buena lengua de gato – y no me refiero precisamente a los chocolates-.

Quizá Moheno intentó tratar en este film temas actuales pero que a la vez parezcan ya un tanto trillados, tales como las relaciones gay, la drogadicción y los desórdenes alimenticios – y eso que les faltó el aborto -. Así es que si están esperando sentir terror o miedo, éste les llegará cuando salgan de la sala de cine y vean lo que gastaron, porque de seguro pagaran el de su pareja que llevaron pa´ que los abrace en momentos de suspenso y tensión.

Alejandro Ortega Neri

“caminando sin rumbo va…”



Silencio



Veme aquí, público querido, tendida en este hermoso cofre de madera, con este pálido cobijo mortuorio ante el vulgar espectáculo en el que se ha convertido mi funeral. ¡Cuán amarga se torna la palabra “eternidad” al verse frustrados los últimos deseos de silencio por una masa de ignorantes que lloran insensiblemente por uno!

¡Silencio! Quiero recrear en la imaginación los momentos previos a la culminación de mi única y verdadera obra maestra. Estaba yo tranquilamente sentada en mi estudio ante la pluma y el papel que en mi esfuerzo por obtener la aniquilación total de mis demonios (y por ende, de mi ser), sólo me habían podido dar modestas victorias. Por azares del destino, éstas catapultaron mi nombre a la fama, aunque en mi boca, ese tipo de gloria me supo a ceniza. ¡Aquéllos que me leen y me idolatran no saben de la vida! ¡No saben nada! Ellos nunca escribirán y escribirán hasta que sus venas se partan como las mías, mucho menos impregnaran su sangre en la tinta ni utilizarán su saliva para borrar los errores. No, no han tenido noches sin sueño en los que el alba llega a las 3:45 de la madrugada y el sol se oculta cuando la conciencia se va. No, sólo creen conocerme y por eso lloran.

Estaba harta, exhausta de mi cara. Me había dado cuenta de que no hay máscaras perfectas: hasta ésta, la pieza más fina y delicada de marfil que llevaba puesta en el rostro tenía un defecto. La grieta crecía con cada latido malogrado, con cada soplo inútil que el viento tenía que ofrecerme. El agobio que me provocaba la vida había superado mis fuerzas y necesitaba estar preparada con un instrumento adecuado para el momento en el cual mi fortaleza decayera por completo: una botella de veneno. Finalmente, ese día llegó, el día en el que el velo que me separaba del mundo se desgarró y vi la ruindad en todo su esplendor: miseria, guerras, hambre, infamia, calentamiento global, enfermedad, un clima incomprensible, tristeza, más guerras, petulancia, soberbia (me basta con la mía), tranquilizantes; en fin, la lista nunca terminará. Cada cara, cada huella y rastro del quehacer y pensamiento humano me daban asco. Todos los que me rodeaban se habían convertido en una raza de aduladores falsos e imbéciles, y era preciso emprender la fuga antes de que su imbecilidad me contaminara.

Sentada en mi trono de falsos consuelos, tomé lentamente el contenido tóxico de la pequeña botella. Con cada sorbo, la percepción del mundo a mí alrededor se iba desvaneciendo hasta que mis sentidos se apagaron; ¿para qué conservarlos, si todo lo que saboreaba me era acre, incluyendo el veneno que habría de rescatarme? Ya no queda rastro de él en mi lengua. ¿De qué me servía la piel si era constantemente rasguñada, maltratada, comunicando dolor y odio hacia los demás y hacia mí misma?; por fortuna, ese órgano sensorial ya no funciona. El olor a concreto, sudor, madera, lágrimas y descomposición ha desaparecido. Y mis ojos, mis benditos ojos, ventanas a la inmundicia externa, están secos, sin brillo, sin vida. No gracias, los sentidos no los quiero, prefiero estar sumida en esta oscuridad, habitando el palacio cristalino de mi mente, mi fastuoso refugio, aislado por completo de mis admiradores, retractores, de todos, de Dios. No los necesito. Yo sola puedo.

El ruido no cesa. ¡Demonios! ¡Mi felicidad nunca es completa! ¡Ya cállense! ¿Qué no me ven aquí en este ataúd, por fin en mi último hogar corpóreo? ¿Qué parte de “estoy muerta y no voy a regresar y no quiero regresar” no entienden? ¡Váyanse! ¡Dejen de lloriquear! ¡Aléjense de mí! ¡Ahora! Un momento. Ya no hay cantos. Poco a poco el rumor de las voces decrece. Escucho algo caer sobre mi féretro. Es tierra. Todo se calla, se entremezcla con el silencio sin perturbaciones. El tiempo se ha detenido. La existencia es ahora inexistente.

Mi mente y yo. Yo y mi mente. Uno, dos, tres, ya me aburrí de contar. No sé si los días han seguido transcurriendo allá arriba. Nada nuevo que contarme a mí misma. He roto todos los pilares de mi vidrioso templo. Ni siquiera puedo escuchar los gusanos que seguramente carcomen mi cuerpo. Mi voz tiene un timbre fastidioso, chillón, siempre se queja. No se calla. ¡Cállate! ¡Sí, sí, ya sé que nada te entretiene, que antes cuando menos te podías burlar de los demás, humillándolos, recordándoles lo imperfectos que eran, pero no, tenías que suicidarte! En un vano intento por preservar tu autoproclamada superioridad, te mataste porque sólo así quedarían intachables tu vida, tus milagros, tus ideas. Pero yo sé que eres patética, que tu muerte es patética, tanto que da risa. Yo doy risa. Yo soy motivo de burla, porque no reconocí que eran los demás los que mantenían viva mi soberbia, y mi soberbia era el combustible de mi genio. Ahora no puedo volver porque los muertos no reviven y el orgullo no me deja.

Qué aburrida estoy. A veces me pregunto si no estoy repitiendo siempre los mismos pensamientos.

Pero aún así, no me merecen.

Mariana Ríos Maldonado





Tan cursi como una comedia romántica

Un domingo por la tarde en compañía de la familia, o un miércoles de dos por uno al lado de un buen amigo es admisible ver una comedia romántica.

Dejando atrás las pretensiones de cinéfilo experimentado y el análisis de trama y fotografía, disponemos las palomitas y relajamos la mente para reírnos de los desacuerdos entre una pareja ficticia.

Damos inicio a una de esas cintas en que se plantean los problemas del amor y las relaciones sentimentales con un toque humorístico, aquellas en las que se resuelven los asuntos más cotidianos con un adelantado final feliz.

Nos dejamos llevar por la portada del DVD, damos una rápida leída a la sinopsis y nos fiamos de la popularidad de los actores hollywoodenses.

Algunos ya tienen a sus favoritas: Drew Barrymore, Meg Ryan, Julia Roberts, Cameron Diaz y Jennifer Aniston, por mencionar a las más cotizadas.

Por parte de ellos: Adam Sandler, Hugh Grant, Aston Kutcher y algunos más.

El oráculo de estos tiempos, Wikipedia la enciclopedia libre, define las comedias románticas -en primera instancia- como un subgénero de las películas de comedia y de las romáticas.

El argumento básico de una comedia romántica –continúa Wiki- es que dos personas se conocen, bromean entre ellas, pero a pesar de la atracción obvia para la audiencia, no se ven románticamente involucrados por algún tipo de factor que pude ser interno –aparentan no gustarse- o externo –cuando uno de ellos tiene una relación amorosa con otra persona, por ejemplo.

En algún momento, después de diversas escenas cómicas, se separan por alguna razón. Entonces, él o ella se dan cuentan que son perfectos el uno para el otro, y -normalmente después de un espectacular esfuerzo o una increíble coincidencia- se reencuentran, declaran su amor eterno y viven felices para siempre.

Nuestro oráculo aclara que hay ciertas excepciones donde los protagonistas no terminan juntos y menciona como ejemplo el final de La boda de mi mejor amigo, en la que participan dos de nuestras más populares actrices.

Aquí es a donde quería llegar.

Este tipo de cintas son sumamente entretenidas cuando reúnen las características antes mencionadas, sin embargo, en cierto estado de ánimo ¡resultan tan inverosímiles! Parecerá ogro desear que alguna película de estas no termine como se supone que debe.

Por ejemplo, echaré mano de las dos últimas que he disfrutado y sufrido, curiosamente protagonizadas por Jennifer Aniston. Dicen por ahí y Viviendo con mi ex.

En la primera, el personaje interpretado por Aniston está comprometida pero insegura ante el matrimonio. Debido a la boda de su hermana menor, regresa a su ciudad de natal para pasar tiempo con su familia, de la que siempre ha dudado por las pocas coincidencias que los unen.

Sin entrar en demasiados detalles, el asunto es que Sara, en la búsqueda de su verdadera identidad, entra en una relación con otro hombre y es descubierta por su prometido.

El asunto termina en que ella –tras ser infiel- se da cuenta de que verdaderamente desea pasar toda la vida con su novio. Sin embargo, como bien lo señaló Wikipedia, la trama sube a un punto de tensión donde tiene que pedir perdón y es rechazada. Todo parecía ir bien hasta que él, finalmente la absuelve.

¡Yo no podía creerlo! Le fue infiel sin la más mínima consideración y en un dos por tres, sin hacerse un poco del rogar, él la perdona, se casan y la película termina enviándote el mensaje “y vivieron felices para siempre”.

En Viviendo con mi ex, todo comienza con una súper pareja que se lleva de lo lindo hasta que una ligera discusión se torna en rompimiento.

La cinta narra el lento enfriamiento entre ambos hasta que, a pesar de sus esfuerzos, la relación parece estar sumamente dañada y ella decide terminarla.

El final fue sorprendente, se trataba de una de las pocas comedias románticas donde no se esfumaban las situaciones de desencuentro y la pareja terminaba feliz.

La última secuencia muestra a los protagonistas encontrándose casualmente, después de cierto tiempo, para sólo saludarse cordialmente y al fin alejarse en sentidos opuestos.

Con todo, lanza un ligero destello de esperanza ya que ambos vuelven la mirada –al mismo tiempo- para ver al otro y hacer saber a los espectadores que hay posibilidades de reencuentro, pero finalmente cada uno se va por su lado.

Hasta aquí todo parecía ir bien –si no para los protagonistas- sí para quienes deseábamos un final diferente aunque no correspondiente a los requisitos de una comedia romántica. Aun así, celebrando haber presenciado un final opuesto al clásico, abandonas el asiento con cierta tristeza por el “fracaso del amor”.

Sin embargo, el director de la cinta no pudo soportar el peso de afligir a los espectadores con ese final y otorgó un desenlace alterno.

En el afán de dejar al público con un buen sabor de boca, reúne nuevamente a los protagonistas, aunque no como pareja pues cada uno está acompañado por una persona que –curiosamente- se parece a su ex.

El punto es, termine la pareja felizmente unida o separada, la película no permitirá que cargues una aflicción más, por el contrario, te dará los ingredientes necesarios para reírte de las situaciones trágicas de la vida.

Arazú Tinajero

Escaparate Gráfico 120