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2007: SONIC YOUTH

23:15 pm: Eric´s Trip

La computadora relampaguea destellos blancos de seda enredados en un teclado que poco a poco empieza a descifrar mis palabras apenas sentidas o acaso pensadas al azar. Es extraño, solía escribir sobre la línea azul a la que todos llamamos renglón; ahora sólo me dejo deslizar sobre la blanca hoja de la pantalla. El cursor dispara segundos ante mis ojos, luego descubro que es simplemente un ritmo en común, un bajo, una batería, unas guitarras, un baile caótico que se enuncia a cada tecladazo, un baile rumbo a la media noche: sí, estoy escuchando a Sonic Youth.

23:21 pm Drunken Butterfly

Durante un día, miles de partículas se encuentran flotando en cada célula que me conforma como creando un microsmos de cánicas transparentes que juegan a no ser vistas y ser eléctricas; unas con carga positiva pero en días como éste son más negativas las que contraen el cuello contra la nuca y tensan la mandíbula.

Una vez tensa hay que destensar, en este caso la casualidad (el orden del caos si así lo quieres) anunció en mi ordenador a la juventud sónica fundada originalmente en 1981; aparece también hoy y Dirty es lo que llega hasta mi martillo, yunque y estribo con Thurston Moore como voz y guitarra, Lee Ronaldo en la voz y guitarra, Kim Gordon es la chica de ruda voz y además al cargo del bajo y Steve Shelley que es el encargado de la batería.

Lo extraordinario de estos sonidos es que debido al inconsciente movimiento agresivo de la cabeza, el equilibrio del oído hace malabares y luego el martillo da fuertes golpes contra el yunque haciendo un estribo lo que suele provocar una sensación de mareo ¿o vuelo?

23:38 pm Sugar Kane

Estamos muy cerca ya de la medianoche; estos chicos no sueltan mi mano, mi baile sigue intacto, mi oído es inaccesible para el teléfono o cualquier llamada fuera de este indicio que acabo de descubrir para hacer probable el hecho de que los jueves o viernes o martes, ese día tan espléndidamente igual pueda terminar más rápido porque con la cabeza lo jalo, con el cabello que se estira contra la gravedad de la Tierra puedo atrapar el día siguiente.

Mientras lo que resta de hoy pasa ya no se sueña con dulces, ni con leche y galletas, ahora nos conformamos con soñar, lo que sea: las mujeres aún caminamos bonito con tacones, es quizás el baile más exótico que nos queda por manifestar a nuestra condición de caderas grandes y tobillos delgados, en el caso de Kim Gordon, la chica sónica, además tiene el poder de penetrar con su voz hasta el intersticio y rascarlo. A veces yo quisiera soñar con ella.

23:45 On The Strip

Apenas si distingo algunos gritos, porque este “hoy” empieza a significar lo que “fue”, y esto es tan complejo que no alcanzaría a explicarlo antes de que sea “mañana”, la línea se funde con lo que ya no sé qué, está por terminar el disco, estoy cerca de dejar de escuchar, a unos segundos de acabar con esto.

No siento la conclusión de un día, ni de un disco, ni de una canción, ni siquiera tengo indicios de nada, lo único que me esta quedando entre la memoria de lo acontecido es una leve sensación, la que lentamente me deja caer sobre la cama rayada del edredón y quedar dormida como eterna sonámbula del monitor que aún párpadea, el monitor también tiene sueño, soñamos convertidos en sónicos.

Citlaly Aguilar Sánchez.


odeio você

Veio um golfinho do meio do mar roxo…, cantaba el bahíano mientras los tres únicos músicos que lo acompañaban sacaban la nota de la noche: virtuosos, jóvenes, descarados, ¿qué más se le puede pedir a una banda, si, con estos rasgos, acompañaron a Veloso (Caetano, claro) durante su concierto? Odeio você, odeio você, odeio você…, terminó la canción entre el paroxismo de los asistentes.

Antes de eso, en el camino, me topé con una mujer que hace tiempo no veía. Ella dejó caer tal sorpresa e indiferencia —pasaba de una a otra— que no las pude evadir ante la imposibilidad de la situación: esperábamos en la misma fila del banco. Ella siempre afirmó entre cierto círculo de amigos que años atrás yo le había hecho perder algo de su tiempo, inocencia y dinero, ya que fui el depositario de una parte de sus emociones y ahorros que, al distanciarnos, tardé en devolverle (sobre todo el dinero).

Tiempo después le pagué todo lo que le debía y se involucró con un primo. Al parecer se llevaron bien hasta que le propuse a él que me vendieran el coche de ella. El vehículo —el vocho, para ser sincero— marchaba sin problemas y tenía buen color pese a los treinta años de uso. Le pagué hasta el último centavo pero nunca hice el cambio de propietario; fue mi primer carro: en él me fui a mi primer trabajo serio y pasee a mi primer hijo y esposa. Más tarde le di el coche a mi papá y él se encargó de hacerle sentir que era un modelo ‘74: choques, banquetazos, tapicería rota y dos estéreos robados. Hace poco me llamó la mencionada mujer y me dijo que acababa de ser requerida porque debía siete mil pesos de multas de estacionamientos, y que si yo no pagaba y hacía los trámites correspondientes me levantaría una demanda.

Pedí una reducción al ayuntamiento y pagué sólo 60 por ciento del adeudo, hice el cambio de propietario y me olvidé de la mujer, al fin que mi primo vive fuera del país, hasta nuestro encuentro en el banco. Tras 20 minutos de hacer la fila juntos sin hablarnos, yo estaba apenas un turno antes que ella, pasé a la caja y tardé tanto que cuando le tocó llegar a ella a la ventanilla contigua le dijo el cajero que ya no había “línea”, y que “no podrían realizar su trámite”. Por supuesto se indignó y se puso a gritonear, llamó al gerente y les tiró al piso todos los folletos que tuvo a su alcance. Cuando se dio por vencida me alcanzó en la puerta —porque me detuve a admirar su escena— y me dijo “te odio”, como nadie jamás me lo había dicho.

Todo eso recordé mientras Caetano y sus músicos deleitaban la noche, y al terminar una canción Veloso explicaba que odeio você (“te odio”) es la forma más cercana para decir amo você (“te amo”); y así seguí todo el concierto, sin poder entender la complejidad músical de Caetano de cara a la simpleza emocional en mi encuentro de aquella tarde. Esa sí, para olvidar.


Carlos López de Alba (Guadalajara, 1978). Editor y narrador,

dirige la revista Reverso (revistareverso@gmail.com).



BOSTON More than a feeling

En 1976, la banda rock norteamericana Boston, lanza el sencillo titulado More than a feeling, “Más que un sentimiento”, del álbum titulado con el mismo nombre de la banda, convirtiéndose en el mayor éxito de esta.

More than a feeling, no solo es el mejor hit de Boston, sino que además es considerada como uno de los mejores sonidos de la década de los 70’s, y es un clásico que no puede faltar entre los históricos del rock.

En su momento, provocó un fenómeno, pues no dejaba de ser solicitada por sus fans en la radio.

More than a feeling fue escrita por el guitarrista del grupo Tom Scholtz, a quien le llevó nada más 7 años de inspiración para poder realizarla. Scholz, estuvo jugueteando con el tema en el estudio de grabación del sótano de su casa hasta que pudo encontrar exactamente el sonido y la letra que quería expresar.

More than a feeling ha conseguido vender 17 millones de copias. Contiene un riff de esos que marcan historia, incluso se dice que inspiró el de "Smells Like Teen Spirit" de Nirvana.

Otra de las razones del éxito de Boston fueron las cualidades vocales para transmitir ese "feeling" de su vocalista Brad Delp, quien lamentablente falleció el pasado mes de marzo a la edad de 55 años. La voz de Delp es un total acierto y se nota cierta innovación en el sonido del grupo a comparación de otras bandas de la época.

Esta canción ha sido valorada y reconocida por su éxito, se encuentra en la lista de las 500 canciones más grandes de la historia de la revista Rolling Stone, y ocupa la plaza número 76 de los 100 más grandes tracks de guitarra.

Del excepcional riff de guitarra, se dice que fue hecho como un sutil homenaje a la banda The Kingsmen.

En cuanto a la letra de la canción, esta expresa una especie de sueño despierto, en donde el protagonista cierra sus ojos, y mientras escucha una vieja canción, comienza a soñar hasta lograr ver a una chica llamada Marianne, quien despierta en él “mas que un sentimiento”

Por su impacto, la canción More than a feeling ha sido usada en cine y televisión, fue parte de la musicalización de la película Encuentros cercanos del tercer tipo, y de series como los sopranos y Beavis and Butthead. Además ha sido tocada a modo de cover por grupos como Nirvana y N’Sync.

More than a feeling, sin duda un clásico que no podía faltar un el recuento de las canciones más grandes del rock.

Aurelio Carrillo

“Es más que una canción de rock, es más que un sentimiento”.

carrillo_aurelio@hotmail.com


CAETANO VELOSO: DEL SUSURRO AL ESTRUENDO

Voz imprescindible de inabarcable sincretismo musical que igual viaja del pop avant garde a la tradición más localista y de la reinterpretación de clásicos roqueros a composiciones que exudan sabor carioca. Personaje central del movimiento musical y cultural conocido como Tropicalismo, iniciado hacia la segunda mitad de los sesenta y en el que se dieron la mano el rock, la psicodelia y diversos sonidos brasileños en especial de Bahía (canibalismo le llamaban), fue rechazado por la izquierda bienpensante -dado su gusto por el rock-, y por la dictadura militar que lo llevó al exilio en Londres, tras estar en prisión dos meses junto a Gilberto Gil.

Con un canto capaz de ponerte los pelos de punta (como al personaje de Hable con ella de Almodóvar), combinar explosiones sonoras cargadas de nervio o trasladarte por los más plácidos rincones del laberinto auditivo vía susurros hipnóticos, el admirador del cine italiano de la época propia del realismo y los años subsiguientes, gusta de tomar prestados poemas y desgranar los propios como si formaran parte de una misma naturaleza.

Su homónimo debut solista aparecería en 1968, tras haber firmado el clásico Tropicalia: Ou Panis Et Circensis (68), participar en la banda Os Mutantes y grabar Domingo (67) junto a Gal Costa. Con su famoso Prohibido Prohibir como estela, presentó otro par de discos homónimos en 1969 y 1971 para grabar, una vez que había regresado de su exilio cargado con influencias de movimientos artísticos de vanguardia, Transa y Araca Azul en 1972 con todo y la poesía concreta de Augusto de Campos, además de algunos trabajos en vivo.

Vendrían Qualquer cosa (75) y Joia (75), ambos cercanos a un tono dylaniano y éste último, uno de los favoritos del músico. Le seguiría Os Doces Barbaros (76), que mereció un documental titulado Los otros bárbaros (Waddington, 02) en el que se articulan los ensayos, las ruedas de prensa y los conciertos en Ibirapuera y Copacabana que brindaron Caetano Veloso, Gilberto Gil, Gal Costa y Maria Bethânia, conmemorando el disco Los dulces bárbaros de mediados de los setenta, cuando eran considerados por una parte de la crítica como provincianos invasores, de ahí el título que recuerda el viejo sofisma en el que el bárbaro siempre será el otro y el civilizado yo. A caballo entre el festejo y la nostalgia.

Con Muitos Carnavais (77) volvía a poner pie en los festivales de Río de Janeiro; Bicho (77) lanzaba el puente hacia África; Muito (73), significaría un acercamiento del músico a las manifestaciones brasileñas más allá de la región de Bahía y Cinema Transcendental (79) se sumaba a la transformación fílmica brasileña desde Rocha hasta las propuestas de aquel momento. Como artista total, ha escrito música para cine, dirigió una película (O Cinema Falado) y considera tener más talento para este asunto de las imágenes que para la música, aunque también se le da la escritura, claramente reflejada en sus letras, superiores en general que sus composiciones.

CONTINÚA LA BÚSQUEDA

Los años ochenta arrancaron con Brasil (81) grabado junto a sus compinches Gilberto/Gil y con su querida hermana Maria Bethânia; discurrieron el muy vendido Outras Palabras (81); Cores, Nomes (82); Uns (83); el político Velo (84) que no era ajeno al movimiento hipopero; Caetanear (85), Bethânia, Mano Caetano E Amigos (85), Caetano Veloso (86) con la versión de Billy Jean ejemplificando la idea de “tragar de todo y jamás dejar de ser brasileño” y otro disco homónimo en 1987, con salpicadas de la música del nordeste.

Y de ahí nos vamos al downtown neoyorquino con invitados de lujo en las guitarras –Arto Lindsay, Bill Frisell y Marc Ribot- para encontrarnos con el espléndido Estrangeiro (89), un disco “árido pero tierno, de herméticas instrumentaciones y cariñosas miniaturas… un equilibrio ejemplar entre la música popular brasileña y los sonidos urbanos, entre poesía autóctona y ese desengaño que contempló mejor que nadie su célebre frase: Me siento extranjero aquí y extraño en el extranjero (César Estabiel en Los mejores 200 discos del siglo XX, Rockdelux, octubre 2002).

Esta nueva aventura experimental supuso una apertura de miras (por si hiciera falta) que se vio reflejado en el sólido Circulado (91) y en la secuela de Tropicalia, firmada en 1993. Tras Fina Estampa (94) con la presencia de Agustín Lara, aparecieron los percusivos Livro (98), Prenda Minha (99) y Noites Do Norte (00), digna manifestación para el cambio de siglo, intercalados por obras en vivo, el homenaje a Fellini y a su músico de cabecera Nino Rota titulado Omaggio a Federico E Guilietta (99) y Orfeo (99) firmado junto a otros, al igual que Eu nao peco desculpa (02) grabado con Jorge Maitner.

A Foreign Sound (04) invita a departir a grandes estandars (Cole Porter, Duke Ellington, los Gershwing, Irving Berlin) con personajes tan parecidos y tan distintos como Bob Dylan, Arto Lindsay, Kurt Cobain, Paul Anka y Stevie Gonder, entre otros. Cual estupendo anfitrión, Veloso pone a conversar a todos en un diverso y exquisito intercambio de visiones musicales, tamizadas por el cantante. Ahora estamos de regreso a terrenos más roqueros con cê (06), álbum que pareciera regresar a juventudes agitadas, tal como ha sido el sello de la casa.

“Trabajo y vivo. Escucho y observo. Mi memoria y mi entusiasmo no están todavía demasiado disminuidos por la edad… cuando yo comencé a trabajar tenía como generación precedente a Joao Gilberto y Antonio Carlos Jobim, los más grandes creadores de la bossa nova, los inventores, y ellos tenían como generación precedente a otros músicos gigantes. Entonces no creo que sea problema este relevo generacional. Al contrario, toda esta gente adora a las personas mayores, las reconoce, así pasó con nosotros también” (en entrevista de Olivares y Partida para La Jornada, 22/08/07). Un artista tan grande y diverso como su país que esta semana nos hace los honores.

Fernando Cuevas

Nos escuchamos después.

Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx


Húmeda punta de la lengua

José Ángel Higuera y El espejo roto del río

§El poeta digital

La imagen que tengo del poeta José Ángel Higuera es de un hombre que se cuenta los dedos de la mano. Ángel oye la poesía y sigue el ritmo con los dedos, contando, o mejor dicho, cantando las sílabas con los dedos de la mano. No se lo quiero decir, pero he sospechado que cuando uno habla con él está contando las sílabas de la conversación: buscando un octosílabo, un endecasílabo. Ángel cuenta y recuenta la poesía y la ha querido celebrar poetizando. Contando y recontando los fragmentos de su espejo roto del río.

Ángel señala con un dedo las palabras, las sílabas, las letras, los acentos; Ángel va por ahí, señalando las sílabas que parece palpar con la yema del dedo. Como buscando el número, pero también la textura, las bajadas y alturas de los versos, Ángel señala con los dedos, sin miedo a que se le llenen de verrugas.

En su poesía se nota. Ángel sabe que la poesía es una ciencia exacta, que necesita un número preciso de palabras, un tipo preciso de sonidos, un tipo preciso de sabores, una cantidad precisa de humedad para existir. Se moja la punta del dedo para saber en que dirección se lleva el viento las palabras, mete el dedo meñique en el caldo poético para comprobar la temperatura: mete la lengua para degustar el sabor.

§. La poesía se hace en la punta de la lengua

Todos sabemos que se piensa con el cerebro, que se ama con el estómago; todos sabemos que la poesía se lee con el oído, todos sabemos que se escribe con la lengua. Con la punta de la lengua. La lengua es el órgano más íntimo del deseo, el más introvertido de los hablantes. El espejo roto del río, un álbum descreído de amor y (¿pero?) voluptuoso; poemas húmedos de mar, de lluvia y de saliva, escritos con dedos y con lengua. El rumor del mar, el proceloso río. «Desnuda a la orilla del río creces como junco/ la brisa del verano rodea tu cuerpo con múltiples caricias/ levitando te preparas a penetrar al agua, a poseerla// dentro de ella te envuelve su lengua tibia».

Poesía del tacto y la saliva. Poesía que busca y encuentra en la punta de la lengua todas sus palabras. Las palabras son muchachas que huyen a la punta de la lengua, esa punta que debe contener listas y listas de preciosas palabras que se van de nosotros como huye la carne del encabritado deseo. Poemas donde el agua muestra sus eternas transmutaciones: mar y saliva, río y humedad; pero además la lluvia, como ese símbolo de la indiferencia melancólica. La lluvia que caerá, el río que seguirá su turbulento curso, más allá del humano deseo. Y es entonces que la poesía de Ángel reúne voluptuosidad y lucidez. La voluptuosa lucidez de la poesía, que revela el fracaso invencible del amor: el espejo roto sumergido en el fondo del deseo. Entonces el amor es el fracaso más profundo, el naufragio que escribe el epílogo del deseo, «allá un pez devora un trozo de espejo // un bocado corta mi garganta// es la hora.» Y en el naufragio, en la asfixia por agua, comienza la canción más larga, aquella que consiste en buscar la última palabra la que no se habrá de encontrar, perdida en la punta de la lengua.

*

Bienvenido sea El espejo roto del río, fruto de la aventura de Ediciones de botella, que ahora alcanza el número VII de su serie Pavesas; esfuerzo de jóvenes editores que han sabido combinar la publicación de autores reconocidos en el ámbito nacional (como Eusebio Ruvalcaba) con escritores que logran ver su primera edición bajo este sello. Que el naufragio sea largo, muchos los libros de botella.

Javier Acosta, septiembre de 2007.

José Ángel Higuera El espejo roto del río. Ediciones de Botella, Zacatecas, 2007, 20 pp.


Histerias 1.

François Furet, el hombre de las dos revoluciones.

That men make history but do not

know the history they were making

F. Furet / Interpreting the French Revolution

François Furet (1927-1997) fue un hombre que vivió entre dos revoluciones: la rusa de 1917 y la francesa de 1789. Aunque ninguna le fue contemporánea en un sentido estricto, llegó a conocerlas a profundidad; con la intimidad que concede solamente la mirada crítica. Definitivamente hay un “algo” que lo empujó a acercarse tan estrechamente a ellas; a “vivir” entre ellas: ¿Pasión? ¿Interés? ¿Curiosidad científica? ¿Suspicacia académica? Se trató simple y a la vez complejamente -soy un convencido de ello- de una necesidad por entender su propio tiempo, el mundo que le fue contemporáneo, a través de sí mismo: señalando lo que formaba parte del pasado y enfatizando lo que era parte del presente.

Furet escribió sus principales obras marcado por un ambiente intelectual que pregonaba la idea de una revolución permanente y latente. Inspirada por la Revolución Rusa, pero principalmente por los regimenes socialistas que se implantaron a lo largo del globo terráqueo durante la segunda mitad del siglo XX, la comunidad científica contemporánea a Furet, adscrita mayoritariamente al materialismo histórico, construyó una idea de “Revolución presente” a partir de dos revoluciones pasadas: la rusa de 1917 y la francesa de 1789. El vínculo, sin embargo, se tejió no desde las revoluciones pasadas hacia el hoy, sino desde el presente hacia ellas en el pretérito, en una relación efecto-causa que parecía insuperable. Furet optó, sin embargo, por el conocimiento del pasado por el pasado, para de esta manera, y sólo por ella, encontrar o negar los vínculos no sólo con el presente, su presente, sino entre las mismas revoluciones pretéritas. Si su afán con la Revolución francesa de 1789 fue saber qué fue la Revolución en sí misma, con la Revolución rusa de 1917 el énfasis fue en señalar que no fue la Revolución más allá de sí misma.

Los resultados del trabajo académico de Furet lo hicieron ser un disidente, pero un disidente casual. Escribió a contracorriente no por el gusto de ir en la contra, sino porque el análisis cercano de los acontecimientos estudiados por él así se lo fue exigiendo. De formación marxista, Furet fue precisamente uno de los mayores críticos del marxismo y particularmente del materialismo histórico, o, para ser más específicos, de un tipo de materialismo histórico al que Antonio Gramsci denominó “Metafísico”. Su animadversión al determinismo lo llevó a desarrollar una profunda crítica a la idea de la necesidad histórica. Los sucesos pasados, según Furet, sólo tienen sentido en su propio contexto. Las apropiaciones posteriores son simplemente ficción. En este sentido la casualidad juega un papel importante y el mundo de las posibilidades es una presencia sobresaliente en el devenir histórico. No hay destinos trazados, sino simplemente caminos que se van construyendo paso a paso. No hay procesos inevitables ni inminentes. Si Luis XVI no hubiera insistido en el impuesto del timbre, tal vez no hubiera habido Revolución francesa, ni reinado del Terror y quizás Napoleón hubiera terminado sus días como un simple oficial de segundo grado.

La posibilidad está ahí, latente. Furet crítica la historia conmemorativa porque es ésta la que trata de racionalizar los sucesos pasados para dotar de una lógica utilitaria a la historia y justificar al presente. Así a Hidalgo, como bien lo analizó Edmundo O’Gorman, se le inventa como padre de la patria, no porque lo haya sido, sino porque la patria de 1850 necesitaba un padre. Así los españoles nos colonizaron, los tlaxcaltecas nos traicionaron y don Porfirio y sus científicos nosazar tiene su dosis de protagonismo: ¿y si las tropas mexicanas hubieran enfrentado con otra estrategia, o más bien con una estrategia, a los invasores estadounidenses México sería el doble de lo que es hoy? Tal vez sí, tal vez no. torturaron. La historia como una línea coherente que justifica el presente. Furet propone una historia que sea abordada con libertad, sin buscar ligas forzosas y sin la subordinación de eventos. Una historia en la que el

Para Furet todo depende de la decisión humana, y para él esos hombres de decisión son aquellos que piensan, que opinan, que participan, que ejercen su individualidad en el sentido más estricto de la modernidad. Furet concibe que este hombre de decisión en su forma ideal no es de ningún modo el político, ni siquiera el obrero, el campesino o el abogado, es el intelectual. Pero un intelectual libre, jamás subordinado a los partidos políticos, ni siquiera, eso lo digo yo, a los grandes consorcios de información. Para Furet intelectual es el que piensa y ayuda a pensar, no aquel que señala con el índice sosteniendo las gafas lo que conviene pensar.

Y esta lógica Furet la ejemplificó en su propia biografía. A mediados de la década de 1960, cuando todo intelectual de izquierda que se respetara tenía que tener una cercanía con los ideales socialistas, Furet renunció al Partido Comunista en Francia ante los abusos de los regímenes socialistas contra las libertades humanas. Ganó críticas y críticos, algunos tan coléricos como Joseph Fontana que descalificó todas las obras de Furet por el simple hecho de no demostrar o estudiar siquiera la “innegable” lucha de clases que le da sentido a la historia. Cargó con el calificativo de historiador conservador pese a ser un innovador, un verdadero revolucionario. Hoy en día sus obras son un referente obligado para entender a la revolución francesa, a la revolución rusa, pero en particular la lógica del totalitarismo y de los límites del comunismo. Destaco Pensar la revolución francesa; El pasado de una ilusión: ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX; Marx y la revolución francesa, y un libro que es de cabecera para todo aquel que quiera comprender la Modernidad, La revolución francesa, escrito en coautoría con Denis Richet.

A diez años de la muerte de François Furet la historiografía mundial comienza a sentir los alcances de su pensamiento. Sin embargo, atrás del historiador, y tal vez por encima de él, está el hombre que llevó a cabo una revolución para entender dos revoluciones. Y me pregunto –permítaseme el atrevimiento- ¿Hasta qué punto somos lo que escribimos o escribimos lo que somos?

Veremundo Carrillo-Reveles. Nació en 1984 en la ciudad de Zacatecas. Le gusta creer que en algún lugar de los jardines de El Colegio de México hay sitio para un balón de fútbol.

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