Mostrando entradas con la etiqueta 30 de septiembre 2007. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 30 de septiembre 2007. Mostrar todas las entradas



Edipo en nuestros días

Edipo ha dejado de ser Edipo: ya no es el de aquellos días que sufrió por haberse casado con su madre y haber matado a su padre.

Ahora Edi(po) es el que sale todos los viernes al antro y al día siguiente aparece su foto en “Gente Zac”. El que chatea con los cuates y tiene sexo virtual con un sinfín de mujeres gordas que ponen una bonita foto de revista en su perfil electrónico.

Aquella frustración de antaño ha quedado atrás. No fue necesario pagar a un psiquiatra. Sólo bastó prender el televisor a las cinco de la tarde y ver el catártico programa de “Laura en América” tan descabellado y trágico como el teatro clásico.




LA MASCARILLA

A doña Jacinta le han recomendado una mascarilla. Dicen que es tan buena que ya no va a necesitar otra. Ya se la aplicó. Las instrucciones decían que con una sola untadita iba a ser suficiente. Y así fue. Han pasado varios años desde aquel “hoy” y aún sigue con la fe de podérsela quitar para ver los resultados. ¡Vaya terquedad de ambas!


Dina Esquivel Marín*


* Dina Esquivel Marín es licenciada en literatura e integrante del Taller de Ensayo y Crítica Literaria del Instituto Zacatecano de Cultura.



REINVENCIÓN

No, la vida no es como en las películas, ese “Y vivieron felices para siempre” dura en lo que aparece “Fin”. Pero ellos no lo saben, al encontrarse han compartido historias de enmascarados, de danzas a la orilla del mar, de muchachas claras detenidas en un mostrador, de noches embebidas de ausencia, de cielos que se derraman en lluvia.

Él se cree descendiente lejanísimo del Pirata Calvo que desembarcó hace cientos de lunas en el Puerto de Veracruz, es así como explica el defecto congénito en la piel, un lunar en la palma izquierda que asemeja un mapa por descifrar, lo mismo que un cono de helado derritiéndose. Por eso se ha empeñado en viajar, no en barco pero sí en Ómnibus de México aprovechando el 50% de descuento para estudiantes.

Ella compra maletas compulsivamente a sabiendas de que el día que se vaya, incendiará todo tras de sí y no llevará más que una maleta de mano. Allá, a ocho horas de lejanía por tierra y 60 minutos por aire, Él se detiene en un aparador de Aurrera que expone maletas Volaré en oferta y piensa en Ella. Tiene ganas de correr hasta llegar a la torre de guacales, cajas de cartón, bolsas, mochilas y maletas, donde Ella estaría rasurándose la cabeza, al verlo le besaría los párpados pero no se comería sus ojos. Porque la primera vez que una mujer lo amó con palabras sirvió sus ojos en una cama de lechuga desinfectada y los bañó con aderezo italiano. Pero Ella no se los comería, gustaba de excitar a las palabras repasándolas con la lengua, envolviéndolas en una espesa capa de saliva y nada más. Tiene ganas de correr y se queda varado.

Otra maleta vacía es tragarse una burbuja que se atora en el cogote. Ella intenta distraerse de su última compra y piensa en Él. Se imagina que lo encontrará en un puente peatonal en pleno ocaso, no le dirá “Quédate” porque hace tiempo que se desdibujaron sus orillas y puertos, aunque sí le besará los párpados.

Pero la vida no es como en las películas, Él no correrá hasta alcanzar la torre de guacales, ni Ella quemará todo tras de sí, la vida se parece mas a un teléfono que suena y pronuncia un musitado “Te extraño”, que deviene en “Yo también”, que concluye en “Te mando un abrazo”, al que poco le importan las ocho horas de lejanía por tierra, los sesenta minutos por aire y la eternidad por mar.

Lucia B.



UTE LEMPER: LA VIDA MÁS ALLÁ DEL CABARET

Originaria de Münster, Alemania, Ute Lemper ha labrado una versátil carrera artística que va de la participación en teatro hasta en cine, pasando por una sólida trayectoria como intérprete y compositora. A sus 44 años, la también escritora, se ha convertido en un referente imprescindible para mantener viva la tradición generada por el gran escritor Bertol Brecht y su contraparte musical Kurt Weill: la oscuridad del cabaret alemán en la época de la entreguerras ha encontrado un vehículo ideal en esta mujer, de dúctil voz y presencia clásica de diva, recordando a las artistas de los años treinta, cual ángel azul posmoderno en una República de Weimar extraviada.

Hay glamour en esa mirada colmada por cejas circulares, que parece ya haberlo visto todo y a la vez en constante estado de búsqueda; con vestimenta negra, desde abrigos interminables hasta piezas de cuero, hay una sincera presencia que no por teatral se aleja de la transparencia: una femme fatale en apariencia calculadora que termina por expresar esa contradictoria carga de afectos a través de su pose, su voz, su imagen y su pensamiento traducido en canciones siempre entonadas en su especificidad. Y cómo no, si desde los nueve años empezó a proyectarse en la música y los escenarios.

De un pasado nacional tormentoso en todos sentidos, Lemper ha reconstruido piezas clásicas para traerlas al día de hoy, con toda la carga de dramatismo y sensualidad que se encontraban en aquellas composiciones. De hecho, su primera etapa discográfica se centró en la vida del cabaret alemán y anexas: Singt Kurt Weill (86), Life is a Cabaret (87), Chante Kurt Weill (88) y Ute Lemper Sings Kurt Weill (88), son una brumosa muestra del talento interpretativo y aún escenográfico de la cantante, ejemplo claro de esa sofisticación que sólo pueden dar los bajos fondos, donde el arte florece entre tímidas luces que atraviesan el humo de la noche.

Con una tendencia más pop, grabó el trilingüe Crimes of the Heart (89), al que le seguirían The Threepenny Opera / Die Dreigroschenoper (90), The Seven Deadly Sins (90), ambos de la dupla Brecht-Weill; Songbook (91) con composiciones de Michael Nyman y textos de Shakespeare, Celan, Rimbaud y Mozart, así como Ihre Grossen Tourne-Erfolge (91) álbum doble grabado en vivo. Con Illusions (92), arreglado y conducido por Bruno Fontaine, se acercó a sus admiradas Edith Piaf y Marlene Dietrich, tal como lo hiciera a su compositor de cabecera con Ute Lemper Sings Kurt Weill Vol. 2 (93), como para no olvidar sus verdaderos orígenes y demostrar que mientras más sólidos son éstos, mejor se puede excursionar por senderos varios.

La década de los noventa se complementaría con Espace Indécent (93) de la mano de Art Mengo; el recopilatorio Portrait of Ute Lemper (95); City of Strangers (95), construido a partir de las composiciones de Jacques Prévert y Stephen Sondheim y con la conducción una vez más de Bruno Fontaine; un par de discos titulados Berlin Cabaret Songs (96), en alemán e inglés; Nuits Étranges (97) con piezas propias y All That Jazz. The Best of Ute Lemper (98), como una buena síntesis de los terrenos pisados hasta entonces.

Con Punishing Kiss (00) consiguió convocar a una envidiable reunión: piezas del australiano Nick Cave, del ubicuo maestro Elvis Costello, del excéntrico Scott Walker, del vagabundo Tom Waits, de The Divine Comedy cuyo vocalista le entra al quite, de Philip Glass y, desde luego, de Kurt Weill. En But One Day…(02), su siguiente trabajo, combina composiciones propias con algunas otras entre las que destacan las de Astor Piazzola; como invitada de lujo, aparece Laurie Anderson. Su más reciente obra, Blood and Feathers (05), fue grabada en vivo en el café Carlyle.

Ha participado en los soundtracks de Chicago (98), Prospero’s Books (91), Roger Waters The Wall. Live in Berlin (90), Starlight Express (88) y Cats (84). Como actriz en cine, ha trabajado bajo las órdenes de Peter Greenaway, Robert Altman, George Milton y Norman Jewison, entre otros, mientras que en teatro su trayectoria incluye Cats y Peter Pan. Incluso Maurice Béjart compuso el ballet La Morte Subite para ella, estrenado en 1990 y llegó a trabajar con Pina Bausch; por ahí circula su autobiografía y se pueden disfrutar de sus exposiciones pictóricas: artista total, en síntesis.

Ahora asentada en Nueva York, junto a sus dos hijos, Ute Lemper visita nuestro País para regalarnos un concierto en el que el boleto de entrada incluye un viaje por diversas estaciones de la música popular de distintas épocas: del cabaret al tango y de ahí al rock, de los complejos textos de Brecht a las propuestas más directas del All That Jazz.

Conciertos que prometen explorar la vivencia de una artista comprometida con su tiempo, pero también con la historia de su tierra, que es suya, sin perder la mirada a otras manifestaciones lejanas en geografía y próximas en intensidad.

Ute Lemper se presenta el miércoles 26 de septiembre en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, con el espectáculo Angels Over Berlin and Paris, con la clara referencia al clásico de Wim Wenders.

Fernando Cuevas

Nos escuchamos después.

Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx



Diario I

Terminé de leer Babelia. Luego sigo con el libro de Scherer García [], lo repaso para tener una idea de él; en algún momento procuraré hacer una reseña atenta del impreso… Sigo el ojeo en las notas que redacté, en la computadora, acerca de la pieza teatral que Iván Guardado dirigió y puso en escena en la llamada Antigua Casa de la Moneda:

¡Pinche Ramón!, gritó Dolores cuando supo que Ramón se fue. Que murió cuando ella lo esperaba, vestida de blanco. Grita ¡Pinche Ramón! y avienta un ramo de flores, también blancas. Y lamenta que en su pueblo las mujeres se estén quedando solas, porque los hombres se van o se matan entre ellos...

El lector-redactor trabaja en la mesa de la estancia principal. Toma Nescafé © frío (en ese ocasión serán cuatro tazas) y fuma cigarros Malboro azul ©. Al no conocerle, les propongo, para tener una primera aproximación de ese individuo, que consideremos la descripción sobre Jock Flock: “[Es un] hombre ordinario [...] su rostro libre de historia o dolor [parece ser, en verdad, alguien] regular, de quienes no han nacido ni crecido ni sufrido la vida de ninguna forma, pero que florecieron como Atenea completamente formada de la cabeza doliente de un Zeus indeciso [...] Es joven, pero adolescente ya no. Aunque es sábado, viste con la ropa que le sitúa entre los sujetos con uniforme de corte masivo [pantalón caqui y camisa azul de manga corta]”.

Como ya terminó de leer El País –y seleccionó las hojas que recortará-, sigue con la lectura de las copias del libro de Granja Castro. Continúa deslumbrado por el contenido y la forma en que la mujer trabajó la constitución de los conceptos que circularon a través de la prensa y los folletos del siglo antepasado. Se detiene en cada párrafo para subrayar con marcador rosa los conceptos que buscará en otros impresos, con naranja los autores que debió conocer desde la licenciatura. La tinta negra la usa para marcar y apropiarse del contenido. Lo hace con sus tradicionales signos: Ah!!!, Ojo... Bien... Ohoo... Clave... ideín...

El lector está en el primer piso de un edificio de cuatro niveles. Cinco si contamos el que está a la entrada, donde suelen estar los contadores de luz, agua y gas. La construcción tiene elevador, pero no la ha utilizado, en razón de estar a tres metros sobre el nivel de la calle. La habitación –misma que le asignaron para quedarse en su último periodo de investigación documental de este año-, es como toda estancia de departamento amueblado en renta. Así lo indica la calidad de los muebles. Los sillones son puntados amarillo-naranja, acordes al color beige de las paredes y la duela. Pasan por ser de utilería en un set donde se requiere representar que los tiempos mejores han pasado o que los gastos de la comuna van por otro lado, no para cubrir las comodidades de la casa.

Los cuadros que cuelgan de la pared, de la que todo habitante del piso debe ver de inmediato, por estar frente a la puerta del cuarto, son objetos representativos de lo que se adquiere en las ofertas de cualquier supermercado. Son artículos para adornar las paredes de los sanitarios o para los pasillos largos de casas que fueron modificadas. Otra posibilidad en el origen de los cuadros –eso nunca lo podrá saber- es que provienen de las proliferantes tiendas de “todo a un euro”. Son dos las imágenes –frente a ellas está un espejo, ¡sí, un espejo en el salón principal!-.

Los cuadros son una acuarela y un cromo. Ambas contienen mares apacibles –los veleros no dan seña de meneo, están aparcados en muelles y sobre aguas que les reflejan-. En su contenido no hay nubes y el océano, sin posible límite, da cuenta que la obra pertenece a la tradición veraniega del diez y nueve: protoimpresionista. Son postales para la emergente burguesía que cuenta con tiempo para el ocio y los espacios para emular a la vieja aristocracia de campo (el mar para ellos, lo bucólico para la nobleza).

El ruido que invade la habitación proviene de los pocos transeúntes y autos que pasan por la calle. Los sonidos entran por una ventana que mantiene abierta. Aunque el objetivo de la abertura es que entre el viento. Por cierto, ese día los termómetros del campus Unamuno [usal] marcaron el ambiente en 29ºc.

Cómo todo sábado, después de recortar los periódicos y de pegar algunos de sus pedazos en una libreta, ves la televisión. Estarás sentado toda la tarde, hasta que llegue una invitación para salir. Al lado del control remoto tendrás la guía Ono mr de los 70 canales de tv

Marco Flores