Poema para dejar atrás un camino,
o lo que es lo mismo: poema para despedirse
un poco de sí mismo.
Para: Yolanda y Julio, por las decisiones de aventura.
Jefe (2m), Tío Juan (2a): sigo mintiendo su ausencia, lo siento.
Léase mientras se escucha:
Letter from home/ Pat Metheny
I
Sucede siempre,
me cuesta decir que volveré
,
/partir es lo único cierto/
II
tuve que detener
la intuición de mi muerte
para arriesgar una
despedida
,
una
despedida
que estará sobre
la imagen inmóvil de mi cadáver
/no quiero cerrar los ojos/
III
Tengo la música de un regreso
en mis dos piernas;
acordes disonantes
son mis pasos
/absurda sinfonía/
IV
Partir es lo único cierto
V
Sin embargo,
me enternece mi rostro hablando
con las ruinas del viento;
,
me dolieron las esquinas
y sus luces acabadas
,
Incluso,
me ha parecido grosera
la sonrisa de la calle
mientras me alejo
,
me han envejecido
las voces que vienen detrás
/el dolor ha perdido su encanto/
V
No me quejo de mis últimos
pasos
,
lamento
la tragedia de favorecer
mi propio
desencuentro.
VII
Sucede siempre
,
me cuesta decir
que volveré
,
porque no seré
yo
jamás
el que vuelva.
Roberto Galaviz Ávila
25/04/08
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MARIPOSAS AL VUELO
02/05/08
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BITÁCORA DE UN LECTOR.
Viernes, abril 12 de 2008
Ayer acompañé a Mariana [Terán Fuentes] a la Biblioteca central de la Universidad. Ahí estuvimos en la mañana. El Fondo Federalismo está completísimo, tiene de todo: teoría literaria, historiografía contemporánea y libros de autores de la primera mitad del siglo XIX –algunos ejemplares son de editoriales españolas y argentinas-. A los libros los están marcando con el sello de la Sociedad de Amigos del País [es un grabado que trajeron de la ciudad de México los primigenios políticos de Localia]. Formé una lista de títulos que leeré para los trabajos escolares.
Viernes, 25 de abril
Ésta fue una semana de atascos. Las clases de lunes y miércoles me han obligado a posponer la respuesta a los correos electrónicos. Incluso los que estoy obligado a responder por cuestiones laborales. El miércoles obsequiaron libros en la escuela. Casi todos los profesores de la maestría entregaron ejemplares de sus publicaciones. Este acto evidencia un reconocimiento realmente académico a Mariana -pero también los dieron para recordar el día del libro-. Me agencié obras de Terán, de Marcelino Cuesta, de René Amaro, de José Luis Acevedo y de José Enciso Contreras. Casi todos los he leído y citado en mis trabajos. Ya tiré las fotocopias de esos títulos y coloqué los volúmenes nuevos en el librero.
El jueves entregué los papales para la estancia veraniega de investigación en Monterrey. En la tarde asistí a la presentación de un libro de María del Refugio Magallanes. El impreso tiene una bella edición. El texto es el resultado de su tesis de la maestría en historia. En él analiza varios tópicos sobre las nociones del ocio y el trabajo en las clases populares en la segunda mitad del siglo XIX. Una de las comentaristas del libro fue Sonia Pérez Toledo.
Hoy redacté con Leticia Ramos un texto que hará de presentación del libro Mural del Palacio de Gobierno [es uno de los libros del profesor Roberto Ramos Dávila]. Según se anotó, esta publicación está destinada para lectores y adquirentes que pertenecen a un ambiente distinto de cuando apareció originalmente el documento (en la década de 1980). “Esta edición, se puntualiza, es para mostrar un texto que muestra el pretérito que nos es común”. El libro se presentará en mayo, en el Museo Francisco Goytia.
Abril 28
El viernes asistí a otra asesoría con el profesor Flores Zavala. Ahora me citó en El Paraíso. Llegó con su pareja. Él bebió Jack Daniel’s ©. Tomó dos vasos. Inicialmente ordenó Highland Park ©. Su acompañante y yo pedimos tinto mexicano; entre ambos bebimos cinco copas. El pagó la cuenta con tarjeta de crédito. Al principio me enseñó los libros que adquirió: La Siega [de Rafael Ceniceros Villarreal]. Ésta era, por cierto, la que motivó la reunión en ese pub –así lo llamó su pareja-. El otro ejemplar que traía era el novísimo libro del historiador Luis Rubio Hernansaez: Zacatecas bronco. El profesor me comentó que este texto hacia falta, pues presenta las mejores rutas para entrar y comprender el conflicto cristero en la región. De las cuestiones que más le atrajeron del texto está la interpretación “políticamente correcta” de los chuanes, la minuciosidad del aparato crítico y la recurrencia a múltiples archivos públicos y privados. Lo miré muy emocionado con este libro. Al final lamentó que no existiera una La Quinzaine Littéraire que difundiera las impresiones redactadas en Localia. Hasta exageró al decir que en la escuela no aparecían los lectores intensivos entre pares.
Luego me interrogó sobre los avances de mi investigación. Habló sin detenerse. Para no variar, miraba el itinerario de los comensales que arribaban al lugar. Sólo una vez interrumpió su perorata, lo hizo para ir al sanitario. Entonces conseguí decirle que estaba intentando reconstruir “el orden de los libros”, de los que Castrillón vendió al Congreso. Sonrío para detener mi exposición –fue cuando pidió una Evian ©. Negada la existencia, pidió agua con gas (continua pidiendo así el agua mineral)-. No volví hablar, me “propuso” que leyera con cuidado las reflexiones de Chartier sobre las prácticas de la lectura. Dijo que no me “clavara demasiado” en los libros, sino que los observara como un producto cultural –como un objeto-, y como textos contenidos. Pero al historizarlos que no perdiera de vista que los impresos tienen su propia trayectoria. Que “es necesario adentrarse en la reconstrucción de las prácticas de la lectura, las cuales tienen su propia historia… que al ejercer la lectura se está en un acto donde se cruzan el horizonte del lector y las posibilidades que otorga el objeto leído”.
A las diez salí de El Paraíso, acudí a las Quince para ir transitar con Ricardo por los lugares tradicionales de Localia.
Ayer acompañé a Mariana [Terán Fuentes] a la Biblioteca central de la Universidad. Ahí estuvimos en la mañana. El Fondo Federalismo está completísimo, tiene de todo: teoría literaria, historiografía contemporánea y libros de autores de la primera mitad del siglo XIX –algunos ejemplares son de editoriales españolas y argentinas-. A los libros los están marcando con el sello de la Sociedad de Amigos del País [es un grabado que trajeron de la ciudad de México los primigenios políticos de Localia]. Formé una lista de títulos que leeré para los trabajos escolares.
Viernes, 25 de abril
Ésta fue una semana de atascos. Las clases de lunes y miércoles me han obligado a posponer la respuesta a los correos electrónicos. Incluso los que estoy obligado a responder por cuestiones laborales. El miércoles obsequiaron libros en la escuela. Casi todos los profesores de la maestría entregaron ejemplares de sus publicaciones. Este acto evidencia un reconocimiento realmente académico a Mariana -pero también los dieron para recordar el día del libro-. Me agencié obras de Terán, de Marcelino Cuesta, de René Amaro, de José Luis Acevedo y de José Enciso Contreras. Casi todos los he leído y citado en mis trabajos. Ya tiré las fotocopias de esos títulos y coloqué los volúmenes nuevos en el librero.
El jueves entregué los papales para la estancia veraniega de investigación en Monterrey. En la tarde asistí a la presentación de un libro de María del Refugio Magallanes. El impreso tiene una bella edición. El texto es el resultado de su tesis de la maestría en historia. En él analiza varios tópicos sobre las nociones del ocio y el trabajo en las clases populares en la segunda mitad del siglo XIX. Una de las comentaristas del libro fue Sonia Pérez Toledo.
Hoy redacté con Leticia Ramos un texto que hará de presentación del libro Mural del Palacio de Gobierno [es uno de los libros del profesor Roberto Ramos Dávila]. Según se anotó, esta publicación está destinada para lectores y adquirentes que pertenecen a un ambiente distinto de cuando apareció originalmente el documento (en la década de 1980). “Esta edición, se puntualiza, es para mostrar un texto que muestra el pretérito que nos es común”. El libro se presentará en mayo, en el Museo Francisco Goytia.
Abril 28
El viernes asistí a otra asesoría con el profesor Flores Zavala. Ahora me citó en El Paraíso. Llegó con su pareja. Él bebió Jack Daniel’s ©. Tomó dos vasos. Inicialmente ordenó Highland Park ©. Su acompañante y yo pedimos tinto mexicano; entre ambos bebimos cinco copas. El pagó la cuenta con tarjeta de crédito. Al principio me enseñó los libros que adquirió: La Siega [de Rafael Ceniceros Villarreal]. Ésta era, por cierto, la que motivó la reunión en ese pub –así lo llamó su pareja-. El otro ejemplar que traía era el novísimo libro del historiador Luis Rubio Hernansaez: Zacatecas bronco. El profesor me comentó que este texto hacia falta, pues presenta las mejores rutas para entrar y comprender el conflicto cristero en la región. De las cuestiones que más le atrajeron del texto está la interpretación “políticamente correcta” de los chuanes, la minuciosidad del aparato crítico y la recurrencia a múltiples archivos públicos y privados. Lo miré muy emocionado con este libro. Al final lamentó que no existiera una La Quinzaine Littéraire que difundiera las impresiones redactadas en Localia. Hasta exageró al decir que en la escuela no aparecían los lectores intensivos entre pares.
Luego me interrogó sobre los avances de mi investigación. Habló sin detenerse. Para no variar, miraba el itinerario de los comensales que arribaban al lugar. Sólo una vez interrumpió su perorata, lo hizo para ir al sanitario. Entonces conseguí decirle que estaba intentando reconstruir “el orden de los libros”, de los que Castrillón vendió al Congreso. Sonrío para detener mi exposición –fue cuando pidió una Evian ©. Negada la existencia, pidió agua con gas (continua pidiendo así el agua mineral)-. No volví hablar, me “propuso” que leyera con cuidado las reflexiones de Chartier sobre las prácticas de la lectura. Dijo que no me “clavara demasiado” en los libros, sino que los observara como un producto cultural –como un objeto-, y como textos contenidos. Pero al historizarlos que no perdiera de vista que los impresos tienen su propia trayectoria. Que “es necesario adentrarse en la reconstrucción de las prácticas de la lectura, las cuales tienen su propia historia… que al ejercer la lectura se está en un acto donde se cruzan el horizonte del lector y las posibilidades que otorga el objeto leído”.
A las diez salí de El Paraíso, acudí a las Quince para ir transitar con Ricardo por los lugares tradicionales de Localia.
Marco Flores
15/05/08
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BITÁCORA DE UN LECTOR.
Mayo uno de 2008
8:00 am El calendario y la agenda le indican que no tiene obligación para asistir a la escuela. Pero está atrasado en los deberes escolares. El principal es configurar el guión del ensayo sobre un lector decimonónico [Antonio Castrillón]. A este trabajo le dedicará éste y los siguientes días. Lo hará en su casa. Sabe que para escribir, tendrá que leer. También reflexionar. Avanzará sin alterar sus hábitos. Primero apilará los libros y los artículos de revistas especializadas en dos grupos –uno para configurar la sección teórico/metodológica y otro para el estado de la cuestión-. Para ordenar los impresos, conforme los ha de leer, verá primero las tablas de contenido y el apartado de las fuentes documentales y bibliográficas que usó el autor, luego las notas marginales que les ha colocado –si es que ya los leyó- y por último las solapas o notas de las cubiertas.
‘Al trabajar’ el lector no estará quieto. Se levantará de la mesa cada hora para servirse “Kf” o néctar frío de piña. Leerá aproximadamente cuatro horas por la mañana –de las nueve a la una-. En la tarde se sentará después de las seis, y estará atento hasta las nueve o diez de la noche. Contestará los mensajes del móvil según lleguen y sea el remitente. El televisor lo encenderá a la una; lo mantendrá prendido si el programa lo amerita. No permitirá que el silencio ambiental impere, pues abrirá las ventanas para que entre el sonido de los pájaros enjaulados de los vecinos o escuchará con volumen moderado lo que emiten el 91.5 ó el 97.9 del fm.
En la pila de libros que utilizará para elaborar el apartado teórico/metodológico tendrá mínimo siete volúmenes: Alfabetismo, escritura, sociedad de Petrucci; El juego de las reglas: lecturas de Chartier; El queso y los gusanos y Mitos, emblemas e indicios, ambos de Ginzburg; La escritura de la historia de Certeau; La interpretación de las culturas de Geertz; y, Crítica y crisis en el mundo burgués de Koselleck. Éstos los leerá después del quince de mayo, o cuando concluya la otra hilera bibliográfica.
Los textos que leerá inmediatamente son los del estado de la cuestión. Son los mismos para situar el escenario del lector y que le contribuirán para ‘problematizar’ el objeto de estudio –¿Cuál es el problema histórico en la revisión de un lector activo en la primera mitad del siglo XIX?-. Teniendo como referente al sujeto histórico y a los libros que vendió al Congreso estatal en 1830, la bibliografía lo conducirán a enlistar más de una docena de libros: Bosquejo histórico de Elías Amador; Zacatecas, síntesis histórica de Roberto Ramos Dávila; De provincia a entidad federativa. Zacatecas, 1786-1835 y Haciendo patria, ambos de Mariana Terán Fuentes; La trama y la urdimbre que coordinó Terán con Genaro Zalpa; Modernidad e independencias de François-Xavier Guerra; Independencia, revolución y nuevas naciones en América que editó Jaime Rodríguez; El surgimiento de la historiografía nacional de Virginia Guedea; Entre la tradición y la novedad que coordinaron René Amaro y Sonia Pérez Toledo; La educación de la colonia a la república y Formar ciudadanos, ambos de Rosalina Ríos; Escuelas lancasterianas de Zacatecas de Leonel Contreras; “Soberanía y representación en Zacatecas, 1808-1835” y La diputación provincial de Beatriz Rojas; “La Casa de Estudios de Jerez” de José Luis Acevedo; “La imprenta en Zacatecas” de Edgar Ávila; Antiguos libros jurídicos de José Enciso; Los señores de Zacatecas de Frédérique Langue; El nacimiento de un nuevo estado de Mario Núñez; “Catálogo del Instituto Literario” de Olivia Hernández.
9:30 am Después de ducharse, desayuna al estilo castelloense: un par de tostadas con queso (pan tostado), una taza de cortado (café orgánico chiapaneco) y un zumo de naranja (jugo de ese cítrico). Luego, sin prisa, va al librero para extraer los libros que utilizará. Inusual en él, no se detiene en los tomos que están en el estante donde deja lo que leerá ‘próximamente’. En ese espacio, por cierto, hay libros todavía con celofán.
10:00 am Previo a sentarse, leyó los mensajes de su móvil. Cuatro respondió de inmediato. Uno de ellos le llegó la noche anterior, el de jc. La respuesta a ese texto fue simple y sin cortesías: no. A Ricardo le escribió: “vuelv a mandar l txt En 1 chanc se lo doy al prof”. El tercero fue para el profesor Flores Zavala: “Ok. Diez 30 en la Acrópolis”. El cuarto le da la bienvenida a Maritza Buendía.
10:15 am Toma un taxi para ir a la cafetería del centro. En el camino se entretuvo, para no platicar con el conductor, con la publicidad azul que ha visto en Aguascalientes y en los Altos de Jalisco. ¡Cuán antigua es la publicidad para el espectáculo! Pensó justo en el bulevar…
Marco Flores
‘Al trabajar’ el lector no estará quieto. Se levantará de la mesa cada hora para servirse “Kf” o néctar frío de piña. Leerá aproximadamente cuatro horas por la mañana –de las nueve a la una-. En la tarde se sentará después de las seis, y estará atento hasta las nueve o diez de la noche. Contestará los mensajes del móvil según lleguen y sea el remitente. El televisor lo encenderá a la una; lo mantendrá prendido si el programa lo amerita. No permitirá que el silencio ambiental impere, pues abrirá las ventanas para que entre el sonido de los pájaros enjaulados de los vecinos o escuchará con volumen moderado lo que emiten el 91.5 ó el 97.9 del fm.
En la pila de libros que utilizará para elaborar el apartado teórico/metodológico tendrá mínimo siete volúmenes: Alfabetismo, escritura, sociedad de Petrucci; El juego de las reglas: lecturas de Chartier; El queso y los gusanos y Mitos, emblemas e indicios, ambos de Ginzburg; La escritura de la historia de Certeau; La interpretación de las culturas de Geertz; y, Crítica y crisis en el mundo burgués de Koselleck. Éstos los leerá después del quince de mayo, o cuando concluya la otra hilera bibliográfica.
Los textos que leerá inmediatamente son los del estado de la cuestión. Son los mismos para situar el escenario del lector y que le contribuirán para ‘problematizar’ el objeto de estudio –¿Cuál es el problema histórico en la revisión de un lector activo en la primera mitad del siglo XIX?-. Teniendo como referente al sujeto histórico y a los libros que vendió al Congreso estatal en 1830, la bibliografía lo conducirán a enlistar más de una docena de libros: Bosquejo histórico de Elías Amador; Zacatecas, síntesis histórica de Roberto Ramos Dávila; De provincia a entidad federativa. Zacatecas, 1786-1835 y Haciendo patria, ambos de Mariana Terán Fuentes; La trama y la urdimbre que coordinó Terán con Genaro Zalpa; Modernidad e independencias de François-Xavier Guerra; Independencia, revolución y nuevas naciones en América que editó Jaime Rodríguez; El surgimiento de la historiografía nacional de Virginia Guedea; Entre la tradición y la novedad que coordinaron René Amaro y Sonia Pérez Toledo; La educación de la colonia a la república y Formar ciudadanos, ambos de Rosalina Ríos; Escuelas lancasterianas de Zacatecas de Leonel Contreras; “Soberanía y representación en Zacatecas, 1808-1835” y La diputación provincial de Beatriz Rojas; “La Casa de Estudios de Jerez” de José Luis Acevedo; “La imprenta en Zacatecas” de Edgar Ávila; Antiguos libros jurídicos de José Enciso; Los señores de Zacatecas de Frédérique Langue; El nacimiento de un nuevo estado de Mario Núñez; “Catálogo del Instituto Literario” de Olivia Hernández.
9:30 am Después de ducharse, desayuna al estilo castelloense: un par de tostadas con queso (pan tostado), una taza de cortado (café orgánico chiapaneco) y un zumo de naranja (jugo de ese cítrico). Luego, sin prisa, va al librero para extraer los libros que utilizará. Inusual en él, no se detiene en los tomos que están en el estante donde deja lo que leerá ‘próximamente’. En ese espacio, por cierto, hay libros todavía con celofán.
10:00 am Previo a sentarse, leyó los mensajes de su móvil. Cuatro respondió de inmediato. Uno de ellos le llegó la noche anterior, el de jc. La respuesta a ese texto fue simple y sin cortesías: no. A Ricardo le escribió: “vuelv a mandar l txt En 1 chanc se lo doy al prof”. El tercero fue para el profesor Flores Zavala: “Ok. Diez 30 en la Acrópolis”. El cuarto le da la bienvenida a Maritza Buendía.
10:15 am Toma un taxi para ir a la cafetería del centro. En el camino se entretuvo, para no platicar con el conductor, con la publicidad azul que ha visto en Aguascalientes y en los Altos de Jalisco. ¡Cuán antigua es la publicidad para el espectáculo! Pensó justo en el bulevar…
Marco Flores
30/05/08
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BITÁCORA DE UN LECTOR.
Mayo uno de 2008
11:00 am Libres las vías para entrar al centro de Localia, llegó a La Acrópolis sin contratiempo. Entró a la cafetería justo en el tiempo pactado. Pero el profesor Flores Zavala no estaba. Para esperarlo se sentó en el gabinete donde está el dibujo autógrafo de Rufino Tamayo [Tinta sobre papel, 1986]. Pidió un café y un vaso con agua. Luego leyó las notas que asentó en la noche anterior en la libreta Wilson Jones ©. Al recibir el servicio –acto que le interrumpió su lectura-, miró la decoración del lugar. Lo hizo sin detenerse demasiado en las obras. También observó los gestos de los comensales. Por los alimentos dispuestos en las mesas, y por la relativa concentración que se prestaban las personas, imaginó quiénes eran los tertulianos habituales de la cafetería y quiénes eran los asistentes esporádicos o foráneos. Al terminar el recorrido visual volvió a la obra de Tamayo –junto ella está un dibujo de Paloma Torres-. Por cierto, sonrió tras leer lo que asentó la esposa del artista oaxaqueño: “Yo lo que diga Rufino. Olga. Faltó el cheque”.
El profesor llegó quince minutos después de lo pactado. Se detuvo en un par de mesas para saludar a algunas personas. Si bien ninguna de ellas se levantó y otros no le extendieron la mano, los gestos y los movimientos que efectuaba daban visos de que los suyos eran actos del ritual implícito con los cuales se re/integraba a la habitual sociabilidad gastronómica del lugar. Sin pedir disculpas por el atraso, asumió la dirección de la plática y la hizo transcurrir por dos temas: el contenido de su desayuno y los libros que debía leer inmediatamente. También le aviso que “más tarde” se integrarían otras personas [A la una llegaron Berenice y un amigo de ella –Marcel, un ‘poeta’ de Aguascalientes-. Veinte minutos después llegó la pareja del profesor].
Mientras el profesor hablaba de lo delicioso que son los frijoles de esa cafetería –tal vez lo único que no le gusta de ahí son los jugos de frutas-, y de la Torta de barrio [© ?]. Hojeó los libros que le llevó el profesor. Por cierto, Flores Zavala le platicó que la torta la consumió por primera vez en 1978, que lo hizo en los puestos que existían en la calle Ventura Salazar.
El primer impreso que revisó fue Tres hombres escriben el mundo, de Martín Escobedo. Como es casi ‘el orden natural’ de la lectura, miró la cubierta frontal. Atraído por la imagen, procuró los datos de la obra y supo que las manos que proyectan escribir son un fragmento de San Mateo y el ángel, de Caravaggio. No lo comentó, pero al día siguiente escribió en su página del Hi5 © que es paradójico ver figuras de “santos” en obras que dan cuenta de la emergencia secular en las labores escriturales y de lectura en el Zacatecas dieciochesco. Después de ver la página legal, revisó el texto de la cubierta posterior –escrito por Mariana Terán-. Luego fue a la introducción, donde miró el único subrayado que contiene el libro: “La escritura es aquella actividad concreta que consiste en construir, sobre un espacio propio –página- un texto que tiene poder sobre la exterioridad de la cual –como dijera Michel de Certeau- previamente, se ha aislado. En este nivel elemental, cuatro elementos resultan decisivos: el autor, el discurso, la intención y el contexto”.
El profesor le llamó la atención para que considerará a este texto, junto con El artificio de la fe de Mariana Terán –que en esos momentos le entregó-, como las obras que debían atenderse para situar las condiciones generales en las cuales se desenvolvían los lectores. Le propuso que las tres primeras décadas del siglo XIX las viera no por las posibilidades que proporcionó el liberalismo y la actitud ilustrada que pudo tenerse, sino que considerara que las prácticas culturales tenían en su constitución los rasgos imperativos del Antiguo régimen. Para cerrar su intervención, le dijo que los libros de Escobedo y Terán le serían “útiles para tu investigación”.
Al terminar la torta, misma que consumió despacio, cuidando que el contenido no se desbordará del pan –para no mancharse las manos-. Pidió una Coca. Ésta la bebió de la lata. La consumió en tres sorbos. El primero lo efectúo al entregarle el libro de Roger Chartier El orden de los libros. Sobre este texto recomendó hiciera una lectura cuidadosa para ver cómo se construye la figura del autor y el rol “de las varias maneras de leer en el proceso que da sentido a los textos”.
El segundo sorbo lo hizo después de que un conocido suyo llegó al gabinete para saludarles. La interrupción también sirvió para responder a un mensaje que le llegó a su móvil. Aunque el remitente era un conocido de ambos y sabía de esa reunión, sólo invitaba al profesor para asistir a una fest en la tarde. La respuesta fue “Ok. No puedo ir. Acepto lo que dices. Y sí, adiós amigo académico”.
Previo al tercer sorbo, vio el grueso volumen de La misteriosa llama de la reina Loana. Acerca de esta novela ilustrada, el profesor comentó que siguiera el relato como el modelo para conocer la vida de un lector. Bebió lo que le quedaba de refresco y agregó: “para complementar este asunto revisa y reseña para el lunes El último lector de Piglia y El turno del escriba de Montes y Wolf”.
[Por cierto, el libro de Eco tiene como separador un papel que contiene un fragmento de un poema de Pexegueiro: “Y el ojo del tigre era grande y me devoraba/ El ojo del tigre./ Y yo me hice garza, pluma./ Y volé sobre el ojo del tigre que era grande / y me devoraba/ … ahora mi cuerpo y el horror caminan juntos/ Es toda la historia del mundo/ ¡Y es el ojo del niño el que me mira!]
Marco Flores
11:00 am Libres las vías para entrar al centro de Localia, llegó a La Acrópolis sin contratiempo. Entró a la cafetería justo en el tiempo pactado. Pero el profesor Flores Zavala no estaba. Para esperarlo se sentó en el gabinete donde está el dibujo autógrafo de Rufino Tamayo [Tinta sobre papel, 1986]. Pidió un café y un vaso con agua. Luego leyó las notas que asentó en la noche anterior en la libreta Wilson Jones ©. Al recibir el servicio –acto que le interrumpió su lectura-, miró la decoración del lugar. Lo hizo sin detenerse demasiado en las obras. También observó los gestos de los comensales. Por los alimentos dispuestos en las mesas, y por la relativa concentración que se prestaban las personas, imaginó quiénes eran los tertulianos habituales de la cafetería y quiénes eran los asistentes esporádicos o foráneos. Al terminar el recorrido visual volvió a la obra de Tamayo –junto ella está un dibujo de Paloma Torres-. Por cierto, sonrió tras leer lo que asentó la esposa del artista oaxaqueño: “Yo lo que diga Rufino. Olga. Faltó el cheque”.
El profesor llegó quince minutos después de lo pactado. Se detuvo en un par de mesas para saludar a algunas personas. Si bien ninguna de ellas se levantó y otros no le extendieron la mano, los gestos y los movimientos que efectuaba daban visos de que los suyos eran actos del ritual implícito con los cuales se re/integraba a la habitual sociabilidad gastronómica del lugar. Sin pedir disculpas por el atraso, asumió la dirección de la plática y la hizo transcurrir por dos temas: el contenido de su desayuno y los libros que debía leer inmediatamente. También le aviso que “más tarde” se integrarían otras personas [A la una llegaron Berenice y un amigo de ella –Marcel, un ‘poeta’ de Aguascalientes-. Veinte minutos después llegó la pareja del profesor].
Mientras el profesor hablaba de lo delicioso que son los frijoles de esa cafetería –tal vez lo único que no le gusta de ahí son los jugos de frutas-, y de la Torta de barrio [© ?]. Hojeó los libros que le llevó el profesor. Por cierto, Flores Zavala le platicó que la torta la consumió por primera vez en 1978, que lo hizo en los puestos que existían en la calle Ventura Salazar.
El primer impreso que revisó fue Tres hombres escriben el mundo, de Martín Escobedo. Como es casi ‘el orden natural’ de la lectura, miró la cubierta frontal. Atraído por la imagen, procuró los datos de la obra y supo que las manos que proyectan escribir son un fragmento de San Mateo y el ángel, de Caravaggio. No lo comentó, pero al día siguiente escribió en su página del Hi5 © que es paradójico ver figuras de “santos” en obras que dan cuenta de la emergencia secular en las labores escriturales y de lectura en el Zacatecas dieciochesco. Después de ver la página legal, revisó el texto de la cubierta posterior –escrito por Mariana Terán-. Luego fue a la introducción, donde miró el único subrayado que contiene el libro: “La escritura es aquella actividad concreta que consiste en construir, sobre un espacio propio –página- un texto que tiene poder sobre la exterioridad de la cual –como dijera Michel de Certeau- previamente, se ha aislado. En este nivel elemental, cuatro elementos resultan decisivos: el autor, el discurso, la intención y el contexto”.
El profesor le llamó la atención para que considerará a este texto, junto con El artificio de la fe de Mariana Terán –que en esos momentos le entregó-, como las obras que debían atenderse para situar las condiciones generales en las cuales se desenvolvían los lectores. Le propuso que las tres primeras décadas del siglo XIX las viera no por las posibilidades que proporcionó el liberalismo y la actitud ilustrada que pudo tenerse, sino que considerara que las prácticas culturales tenían en su constitución los rasgos imperativos del Antiguo régimen. Para cerrar su intervención, le dijo que los libros de Escobedo y Terán le serían “útiles para tu investigación”.
Al terminar la torta, misma que consumió despacio, cuidando que el contenido no se desbordará del pan –para no mancharse las manos-. Pidió una Coca. Ésta la bebió de la lata. La consumió en tres sorbos. El primero lo efectúo al entregarle el libro de Roger Chartier El orden de los libros. Sobre este texto recomendó hiciera una lectura cuidadosa para ver cómo se construye la figura del autor y el rol “de las varias maneras de leer en el proceso que da sentido a los textos”.
El segundo sorbo lo hizo después de que un conocido suyo llegó al gabinete para saludarles. La interrupción también sirvió para responder a un mensaje que le llegó a su móvil. Aunque el remitente era un conocido de ambos y sabía de esa reunión, sólo invitaba al profesor para asistir a una fest en la tarde. La respuesta fue “Ok. No puedo ir. Acepto lo que dices. Y sí, adiós amigo académico”.
Previo al tercer sorbo, vio el grueso volumen de La misteriosa llama de la reina Loana. Acerca de esta novela ilustrada, el profesor comentó que siguiera el relato como el modelo para conocer la vida de un lector. Bebió lo que le quedaba de refresco y agregó: “para complementar este asunto revisa y reseña para el lunes El último lector de Piglia y El turno del escriba de Montes y Wolf”.
[Por cierto, el libro de Eco tiene como separador un papel que contiene un fragmento de un poema de Pexegueiro: “Y el ojo del tigre era grande y me devoraba/ El ojo del tigre./ Y yo me hice garza, pluma./ Y volé sobre el ojo del tigre que era grande / y me devoraba/ … ahora mi cuerpo y el horror caminan juntos/ Es toda la historia del mundo/ ¡Y es el ojo del niño el que me mira!]
Marco Flores
02/05/08
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STELLA
ALBERT HAMMOND JR.
Él es el culpable de que The Strokes aún no tenga gira ni material nuevo, sí, así es, él es quien tiene los rizos rockeritos más sexys de la región, un fulano que se hace llamar Albert Hammond Jr. y hace ya más de un año que se encuentra promocionando su proyecto como solista con un disco de nombre Yours to keep.
Hammond Jr. deja ver su talento como canta-autor en este proyecto. Deja de lado el sonido estridente de The Strokes para un sonido más tranquilo en el que se mezclan instrumentos como el mandolín y el órgano, aunado a su voz, da como resultado un tono más dulce (aunque Casablancas es la dulzura personificada).
Canciones como ‘Everyone gets a star’ y ‘Call an ambulance’ dejan ver la originalidad de Albert. En el video de ‘101’ la propuesta visual también resulta de buen gusto al verlo deshacerse de su cuerpo, literalmente hablando, pues se va quedando sin piernas ni brazos ni partes de su cuerpo mientras camina y canta a la vez.
Por otro lado ‘Scared’ y ‘Blue skies’ son las baladas que le dan la magia a Yours to keep, pues por lo general cuando alguno de los miembros de una banda decide hacer algún proyecto por su cuenta, se espera que suene a la banda pero en individual; en este caso, Albert Hammond Jr. con las dos canciones mencionadas se sale totalmente del strokerismo; ‘Scared’ y ‘Blue skies’ son casi la contraparte de The Strokes, el sonido que posiblemente nunca les escucharemos en conjunto.
Para el 2000 se comenzó a grabar un video clip de nombre In Transit, el cual se puede ver en la página de Internet oficial de The Strokes. En este video clip observamos las travesuras de la banda, y el fondo musical está a cargo de Albert Hammond Jr. con canciones que luego estuvieron contenidas en su proyecto solo.
Albert Hammond Jr. resulta agradable tanto a la vista como al oído; es fácil que a alguien le guste como suena desde la primera vez que lo escucha; es sencillo y relajante, además diferente, para esos días inhábiles, para esos días que son tan libres tan libres que uno mejor prefiere ir a trabajar.
Citlaly Aguilar Sánchez
Él es el culpable de que The Strokes aún no tenga gira ni material nuevo, sí, así es, él es quien tiene los rizos rockeritos más sexys de la región, un fulano que se hace llamar Albert Hammond Jr. y hace ya más de un año que se encuentra promocionando su proyecto como solista con un disco de nombre Yours to keep.
Hammond Jr. deja ver su talento como canta-autor en este proyecto. Deja de lado el sonido estridente de The Strokes para un sonido más tranquilo en el que se mezclan instrumentos como el mandolín y el órgano, aunado a su voz, da como resultado un tono más dulce (aunque Casablancas es la dulzura personificada).
Canciones como ‘Everyone gets a star’ y ‘Call an ambulance’ dejan ver la originalidad de Albert. En el video de ‘101’ la propuesta visual también resulta de buen gusto al verlo deshacerse de su cuerpo, literalmente hablando, pues se va quedando sin piernas ni brazos ni partes de su cuerpo mientras camina y canta a la vez.
Por otro lado ‘Scared’ y ‘Blue skies’ son las baladas que le dan la magia a Yours to keep, pues por lo general cuando alguno de los miembros de una banda decide hacer algún proyecto por su cuenta, se espera que suene a la banda pero en individual; en este caso, Albert Hammond Jr. con las dos canciones mencionadas se sale totalmente del strokerismo; ‘Scared’ y ‘Blue skies’ son casi la contraparte de The Strokes, el sonido que posiblemente nunca les escucharemos en conjunto.
Para el 2000 se comenzó a grabar un video clip de nombre In Transit, el cual se puede ver en la página de Internet oficial de The Strokes. En este video clip observamos las travesuras de la banda, y el fondo musical está a cargo de Albert Hammond Jr. con canciones que luego estuvieron contenidas en su proyecto solo.
Albert Hammond Jr. resulta agradable tanto a la vista como al oído; es fácil que a alguien le guste como suena desde la primera vez que lo escucha; es sencillo y relajante, además diferente, para esos días inhábiles, para esos días que son tan libres tan libres que uno mejor prefiere ir a trabajar.
Citlaly Aguilar Sánchez
09/05/08
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STELLA
KULA SHAKER
De las profundidades del psico-color llegan los rumores de un sonido cálido e hiperactivo entre la densidad de la noche: Kula Shaker. Desde Reino Unido, nos invita a un episodio bizarro de humo, vals e imágenes idílicas. Es un rock peculiar por su poder buenvibroso de envolver la atmósfera de amarillo y destellos luminosos.
En 1996 cuando la secundaria nos encerraba en feos uniformes y zapatos colegiales, Kula Shaker sacó a la venta su disco K, uno de los más famosos y favoritos. Este disco inicia con la energía de ‘Hey dude’ para poco a poco irnos incorporando a la mezcla de sensaciones que las guitarras sugieren. K es un viaje guiado en el que ‘Govinda’ bien puede ser el centro turístico por excelencia, para después en ‘Tattva’ tomar un merecido descanso anti-estrés y concluir con ‘Hush’ el baile hipnótico de toda isla desierta.
Los conocedores aseguran que Kula Shaker son una fusión de rock psicodelico-experimental con toques grungeros… pero después de todas esas deducciones, nosotros, el auditorio, sólo podemos afirmar algunas impresiones acídrulas, especiadas de orégano y cafeína que quedan flotando en el aire, como danza hindú, con bordados de hombrecillos azules en las paredes.
La banda de Crispian Mills con su voz tan magnética hace difícil el proceso de escribir acerca de su propuesta musical; es difícil en cuanto a que uno a veces quiere meter todas las sinfonías en una hoja de papel y exprimirlas al contacto, sin embargo, el trabajo es duro y requiere más de un sentido, más que una computadora que repite incesantemente el K, hace falta una oreja en cada mano.
El año pasado mientras la gente pensaba en reformas políticas, catástrofes naturales, guerras y crisis existenciales, Strangefolk salía al mercado mundial como uno de los discos más esperados de Kula Shaker e igual que los álbumes anteriores nos deja extasiados y perdidos en una ciudad lejana, en una noche de sol, con mil sabores nuevos en la lengua y un dejo de libertinaje indiferente.
Citlaly Aguilar Sánchez
De las profundidades del psico-color llegan los rumores de un sonido cálido e hiperactivo entre la densidad de la noche: Kula Shaker. Desde Reino Unido, nos invita a un episodio bizarro de humo, vals e imágenes idílicas. Es un rock peculiar por su poder buenvibroso de envolver la atmósfera de amarillo y destellos luminosos.
En 1996 cuando la secundaria nos encerraba en feos uniformes y zapatos colegiales, Kula Shaker sacó a la venta su disco K, uno de los más famosos y favoritos. Este disco inicia con la energía de ‘Hey dude’ para poco a poco irnos incorporando a la mezcla de sensaciones que las guitarras sugieren. K es un viaje guiado en el que ‘Govinda’ bien puede ser el centro turístico por excelencia, para después en ‘Tattva’ tomar un merecido descanso anti-estrés y concluir con ‘Hush’ el baile hipnótico de toda isla desierta.
Los conocedores aseguran que Kula Shaker son una fusión de rock psicodelico-experimental con toques grungeros… pero después de todas esas deducciones, nosotros, el auditorio, sólo podemos afirmar algunas impresiones acídrulas, especiadas de orégano y cafeína que quedan flotando en el aire, como danza hindú, con bordados de hombrecillos azules en las paredes.
La banda de Crispian Mills con su voz tan magnética hace difícil el proceso de escribir acerca de su propuesta musical; es difícil en cuanto a que uno a veces quiere meter todas las sinfonías en una hoja de papel y exprimirlas al contacto, sin embargo, el trabajo es duro y requiere más de un sentido, más que una computadora que repite incesantemente el K, hace falta una oreja en cada mano.
El año pasado mientras la gente pensaba en reformas políticas, catástrofes naturales, guerras y crisis existenciales, Strangefolk salía al mercado mundial como uno de los discos más esperados de Kula Shaker e igual que los álbumes anteriores nos deja extasiados y perdidos en una ciudad lejana, en una noche de sol, con mil sabores nuevos en la lengua y un dejo de libertinaje indiferente.
Citlaly Aguilar Sánchez
18/06/08
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STELLA
TIEMPO DE LA TEMPORADA
Cada canción es una escena particular, una imagen o experiencia incompartible y a la vez, si no es expresado aquello que nos hizo sentir, es como si no existiera o como en el país del ‘nunca jamás’ muere una hada cuando alguien dice que no existen.
Mientras la tele parloteaba sin que nadie le prestara atención y yo pensaba en cosas invisibles, en el monitor apareció una canción de la cual no pude resistir la tentación de escucharla completa. Heme ahí, noche de sábado pegada a la barra buscadora de Google en la cuál la leyenda “comercial en el que un chico se quita el saco…” me dio el gran título que desesperadamente quería saber: ‘Time of the season’ de The Zombies.
Si bien la canción de un comercial ya sugiere la compra de tal o cuál producto, también puede ser llevada a una habitación o pegada a la mano en un reproductor de mp3; para sacarla de la t.v. sólo se necesita acercar más el oído.
‘Time of the season’ no sólo es la escena masiva de un chico y una chica que están por cruzar la calle, no, es también la escena de quien baja las escaleras con un vaso de vidrio en la mano para refrescarse los labios en agua y galletas de canela; es la escena de una tarde rodando en la cama con el teléfono celular en la panza pensando en cosas predecibles.
Leí por ahí en las oscuridades del saábado que The Zombies fueron demasiado buenos para sus tiempos. Para los años sesenta, con las radios infestadas de The Beatles o The Rolling Stones, The Zombies se mantenían en escenas menos transitadas; sólo lograron un disco “Odessey and Oracle” mismo que hasta la fecha es admirado por los complejos arreglos (en su tiempo) y la fascinante armonía de teclados, voz y coros en compás con la batería y el bajo de sonido jazzero.
Hay alguien con quien pueda compartir una escena común en esta canción, pero no lo haré, porque ‘Time of the season’ es una imagen suficiente para la persona que imagina demasiado, que vuela y sueña y ve a chicos quitarse el saco. ‘Time of the season’ es para un día audaz, una chica con ganas de más, gafas de sol, zapatos nuevos, televisión encendida en sábado, sabor chicle, soledad impuesta… ¡When the love runs high!
Citlaly Aguilar Sánchez
De please a do it estoy always a las 10:00 sunday siempre.
Cada canción es una escena particular, una imagen o experiencia incompartible y a la vez, si no es expresado aquello que nos hizo sentir, es como si no existiera o como en el país del ‘nunca jamás’ muere una hada cuando alguien dice que no existen.
Mientras la tele parloteaba sin que nadie le prestara atención y yo pensaba en cosas invisibles, en el monitor apareció una canción de la cual no pude resistir la tentación de escucharla completa. Heme ahí, noche de sábado pegada a la barra buscadora de Google en la cuál la leyenda “comercial en el que un chico se quita el saco…” me dio el gran título que desesperadamente quería saber: ‘Time of the season’ de The Zombies.
Si bien la canción de un comercial ya sugiere la compra de tal o cuál producto, también puede ser llevada a una habitación o pegada a la mano en un reproductor de mp3; para sacarla de la t.v. sólo se necesita acercar más el oído.
‘Time of the season’ no sólo es la escena masiva de un chico y una chica que están por cruzar la calle, no, es también la escena de quien baja las escaleras con un vaso de vidrio en la mano para refrescarse los labios en agua y galletas de canela; es la escena de una tarde rodando en la cama con el teléfono celular en la panza pensando en cosas predecibles.
Leí por ahí en las oscuridades del saábado que The Zombies fueron demasiado buenos para sus tiempos. Para los años sesenta, con las radios infestadas de The Beatles o The Rolling Stones, The Zombies se mantenían en escenas menos transitadas; sólo lograron un disco “Odessey and Oracle” mismo que hasta la fecha es admirado por los complejos arreglos (en su tiempo) y la fascinante armonía de teclados, voz y coros en compás con la batería y el bajo de sonido jazzero.
Hay alguien con quien pueda compartir una escena común en esta canción, pero no lo haré, porque ‘Time of the season’ es una imagen suficiente para la persona que imagina demasiado, que vuela y sueña y ve a chicos quitarse el saco. ‘Time of the season’ es para un día audaz, una chica con ganas de más, gafas de sol, zapatos nuevos, televisión encendida en sábado, sabor chicle, soledad impuesta… ¡When the love runs high!
Citlaly Aguilar Sánchez
De please a do it estoy always a las 10:00 sunday siempre.
16/05/08
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REVISTERO
DOS FILOS
En la medida que avanza la noche con su lluvia ruidosa picoteando el pavimento, mientras el fútbol en la televisión tiñe de verde la habitación y huele a agua y viento, hojeo la ‘Dos Filos’ con esa sensación de estar viendo imágenes sepias y lejanas y a la vez la emoción de formar parte de un proyecto tan sólido como lo es esta revista, y digo ‘formar parte’ porque la parte lectora es una de las piezas más importantes dentro de la maqueta que cualquier texto construye.
La portada de ‘Dos Filos’ es ya una tradición; con una caricatura de alguna banda de rock o algunos personajes de renombre, en colores oro, bronce, café y destellos de amarillo y rojo, con fondo plasticado en blanco, es fácil reconocerla en el estante, en la librería o cuando alguien más la tiene entre sus pertenencias. En la edición 102, que ahora poseo, aparecen los Who? en el país de las maravillas; ya cuando hemos abierto sus páginas descubrimos un completo análisis en cuanto a la época y situación tanto de la música como del comportamiento en cuanto a la música y en cuanto a Who?.
Francisco Sánchez nos ofrece una curiosa encuesta que responde a la pregunta “Cuál es, en su valoración personal, la película número uno?” La respuesta en algunas personas es totalmente sorprendente y en otras resulta incluso desconocida, pero encontrar entre los encuestados a personajes como Alejandro Bichir, Rosana Curiel, Alejandro Gamboa, Arturo Ripstein y María Rojo por supuesto anima a ampliar el repertorio cinematográfico.
Se ha dicho en varias ocasiones que una revista, más que hojas con tinta es una compañía, al igual que un libro o un buen disco de música, porque nos habla desde los adentros desconocidos de la imaginación y propone un mundo individual, concreto y tangible, nos proporciona la capacidad de recrear panoramas y circunstancias, como en el poema de Abdellatif Laábi que es traducido en ‘Dos Filos’ para todo el que se deje seducir con esa musicalidad elegante que distingue a la poesía francesa.
Por ahora se acaba la noche, dando paso a un buen marcador de fútbol y al frío post- lluvia que nos hace abrazarnos a la cama y entrever a la luz de lo que sea que se asome por la ventana, la posibilidad de cerrar los ‘Dos Filos’ con el placer de haber cerrado también un gran día.
Citlaly Aguilar Sánchez
En la medida que avanza la noche con su lluvia ruidosa picoteando el pavimento, mientras el fútbol en la televisión tiñe de verde la habitación y huele a agua y viento, hojeo la ‘Dos Filos’ con esa sensación de estar viendo imágenes sepias y lejanas y a la vez la emoción de formar parte de un proyecto tan sólido como lo es esta revista, y digo ‘formar parte’ porque la parte lectora es una de las piezas más importantes dentro de la maqueta que cualquier texto construye.
La portada de ‘Dos Filos’ es ya una tradición; con una caricatura de alguna banda de rock o algunos personajes de renombre, en colores oro, bronce, café y destellos de amarillo y rojo, con fondo plasticado en blanco, es fácil reconocerla en el estante, en la librería o cuando alguien más la tiene entre sus pertenencias. En la edición 102, que ahora poseo, aparecen los Who? en el país de las maravillas; ya cuando hemos abierto sus páginas descubrimos un completo análisis en cuanto a la época y situación tanto de la música como del comportamiento en cuanto a la música y en cuanto a Who?.
Francisco Sánchez nos ofrece una curiosa encuesta que responde a la pregunta “Cuál es, en su valoración personal, la película número uno?” La respuesta en algunas personas es totalmente sorprendente y en otras resulta incluso desconocida, pero encontrar entre los encuestados a personajes como Alejandro Bichir, Rosana Curiel, Alejandro Gamboa, Arturo Ripstein y María Rojo por supuesto anima a ampliar el repertorio cinematográfico.
Se ha dicho en varias ocasiones que una revista, más que hojas con tinta es una compañía, al igual que un libro o un buen disco de música, porque nos habla desde los adentros desconocidos de la imaginación y propone un mundo individual, concreto y tangible, nos proporciona la capacidad de recrear panoramas y circunstancias, como en el poema de Abdellatif Laábi que es traducido en ‘Dos Filos’ para todo el que se deje seducir con esa musicalidad elegante que distingue a la poesía francesa.
Por ahora se acaba la noche, dando paso a un buen marcador de fútbol y al frío post- lluvia que nos hace abrazarnos a la cama y entrever a la luz de lo que sea que se asome por la ventana, la posibilidad de cerrar los ‘Dos Filos’ con el placer de haber cerrado también un gran día.
Citlaly Aguilar Sánchez
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